Un viaje sin retorno

“La Diosa quiso recibirlos y regalarles este viaje” dijo Ricardo en sus palabras de despedida, el hermano pemon de 52 años que fue uno de los porteadores y guía durante la expedición que hicimos durante 8 días al Roraima Tepuy, el último de los Destinos Foto Arte del año 2014.

Cuando Arianna Arteaga y yo nos sentamos a finales del 2013 a planificar los viajes del siguiente año y nos planteamos hacer un destino “exigente”, jamás pensamos que cambiaría nuestras vidas de la manera en que lo hizo. Para Arianna sería la tercera vez que subiría al tepuy y para mi, y para la mayoría del grupo, la primera. Seguirá siendo una anécdota que nos echamos la culpa la una a la otra acerca de la decisión de haber elegido Roraima como el destino más ambicioso en el proyecto de paseos fotográficos que lleva en conjunto La Escuela Foto Arte y Al Aire Libre, pero a estas alturas ya no importa. Solo nos reimos y gozamos.

Doce fotógrafos, amateurs y profesionales, cada uno movido por razones personales decidió emprender esta aventura y nosotras los acompañamos. Mucha ansiedad rodeó los días previos al viaje, Arianna y yo nos debatíamos entre nuestros propios retos y miedos personales y la responsabilidad de llevar a este grupo a una expedición que por mucho dista de un paseo fotográfico tradicional, donde las comodidades son pocas, las exigencias muchas, tanto físicas como mentales, y en un momento nos dimos cuenta que no se trataba de un paseo de profes y alumnos, sino de un viaje en equipo y que debíamos apoyarnos los unos a los otros para poder llevarlo a cabo. Y así fue como lo hicimos, abrimos el pecho y el corazón, confesamos nuestras inquietudes, e invitamos a todos a convertir el viaje en una experiencia personal y espiritual, donde de paso tendrían la oportunidad de fotografiar, los instamos a llevar equipo mínimo, aquel con el que se sintieran cómodos, sin alardes técnicos que luego pesarían en el camino; no fuimos profesoras, ni guías, fuimos integrantes de un grupo de entusiastas con las mismas expectativas, ansiedades, miedos y retos por delante.

Así fuimos, y así nos recibió  “La Madre de todas las Aguas” como algunos traducen “Roraima”, la fecunda roca de los torrentes. Nos aproximamos y subimos a ella con respeto y humildad, conscientes de ser intrusos en un territorio antiguo y místico, lleno de enigmas y mundos perdidos, seguimos al pie de la letra las recomendaciones de nuestros hermanos pemones que nos dieron permiso de entrar en su zona sagrada y en retorno Roraima que se muestra de lejos grande, inalcanzable y llena de nubes y lluvia, se entregó a nosotros en días de cielo abierto, arco iris, abismo despejado y noches frías pero amables.

“Lo hicimos otra vez” me dice Arianna cada vez que regresamos de un destino, y esta vez me lo dijo mientras mirábamos de frente al Tepuy imponente que hacía unos días habíamos tenido bajo nuestros pies. Lo contemplamos, y era difícil creerlo, pero sí, lo habíamos hecho otra vez.

Mi hija me pidió muchas veces antes de iniciar el viaje que por favor regresara, yo no entendía mucho, pero ahora que voy en carretera mirando el tepuy a lo lejos, rumbo a casa, creo saber a lo que se refería. Siempre dejamos algo de nosotros en la cima, yo dejé parte de mis miedos, mas no todos, pero si los suficientes para emprender nuevos ciclos con nueva energía, dejé cierta desesperanza inevitable por estos días en que nuestro país ha sido tan maltratado, dejé inseguridades y un sinfín de complejos. Todas esas cosas viajaron sin retorno, se volvieron agua, y espero que no vuelvan. Alguien quedó allá y regresa aquella que siempre debió ser, aquella que no debía quedarse como me pidió mi hija.

Todo fue posible gracias a Autana Aventura, al maravilloso guía de tepuyes Igor Elorza, a la incansable Arianna Arteaga, a nuestros hermanos pemones y a cada uno de los que decidieron compartir esta experiencia: Mario, Ricardo, Juan, Lisbeth, Ana María, Mariana, Diana, Jessy, Joleydis, Karina y Anabella, Azalia.  A todos ellos wakupecruman, que significa “agradecimiento” en pemon.

Disfruten de Roraima, bajo mi humilde lente. Así la vi, y así se las muestro.

Roraima desde el camino hacia el Campamento del Río Kukenán, nuestra primera parada en la caminata hacia el tepuy.
Arianna Arteaga en el camino hacia el Río Kukenán, a lo lejos la iglesia fundada por monjes capuchinos primeros en llegar a este lugar en donde inicialmente estaba la población de Paraitepuy (que significa “hacia el tepuy”) y en donde todavía hay restos de bases de chozas y sitios de cocinar de los habitantes originales. Posteriormente y tras el nombramiento del lugar como Parque Nacional, el poblado se mudó unos 12 kilémetros más cerca de la carretera para evitar la contaminación y presencia de automotores en la Gran Sabana. Historia contada por Igor Elorza.
En estas cestas, llamadas “guayare”, los pemones transportan la comida, enseres y equipaje del campamento. Foto en el Campamento Kukenám.
En el campamento base, al pie del Roraima, esperamos al siguiente día para emprender la subida. En la foto Diana y Mario Goncalves, admiran la sabana y señalan el camino por donde llegamos.
Vista del Tepuy Kukenám, vecino del Roraima, menos fercuentado por su dificultad de acceso. Algunos lo llaman “El maldito” porque según cuenta allí los chamanes realizaban sacrificios, llueve el 80% del tiempo y debe subirse con permisos y mucha precaución. El salto que se ve es el nacimiento del Río Kukenám, y sería el salto más alto del país si no estuviese seco en el verano.
Uno de nuestros hermanos pemones, con su guayare a cuestas en la cima de Roraima. En minutos el cielo se abre en azules, y en otro minuto la nube se posa sobre nosotros.
Mundos perdidos en la cima del Roraima, espejos de agua e islas de plantas por doquier.
Mundos perdidos en la cima del Roraima, espejos de agua e islas de plantas por doquier.
Arianna Arteaga Quintero en la cima del Roraima.
Otro de nuestros hermanos pemon, Ricardo, que llamábamos “El Angel” porque cada vez que lo necesitabamos estaba presente y salía de la nada a ayudar.
Milagros tiene 27 años, fue una de nuestras porteadoras, cargando 15 kilos de equipaje en su guayare. Las mujeres son fuertes y aguerridas, calladas pero con mucho temple. Milagros habla español, pero muchas mujeres pemon no lo hacen. Aquí un retrato en nuestro “hotel” (cueva donde nos resguardamos por dos noches) en la cima del tepuy.
La cima del Roraima tiene varias cuevas en sus formaciones fantásticas que son usadas por las expediciones como resguardo y establecer campamento. Aquí el Hotel El Guácharo, donde estuvimos por dos noches.
Los amaneceres era fantásticos porque primero son muy nublados y en minutos se abre el cielo en azul con una luz fantástica. Gocé con estos contraluces desde el hotel. En la foto, Diana Goncalves.
Nuestros hermanos pemones recibiendo los primeros rayos de sol. En esta foto se me antojan como un grupo de súper héroes, y la verdad que lo son. Humildes, amables, serviciales y sobre todo con mucho temple. Admiración para ellos.
Paisaje de playa con arena rosada. Arriba encuentras variedad de paisajes a solo metros de distancia. La arena rosada es producto de la erosión de la piedra, es mu suave y forma “playas” en varias partes de la cima.
Mundos perdidos, formaciones extraordinarias de todas las formas. Gozamos adivinando, allí hay una especie de gárgola.
Los jacuzzis son un clásico tepuyero, como dice Arianna Arteaga. Son piscinas de agua cristalina y fondo de cuarzo que parecen salidas de un mundo de fantasía. En la foto Mario Goncalves, antes del chapuzón correspondiente.
Desde el borde, Igor Elorza, nuestro guía, se asoma y admira la belleza de la Gran Sabana en un día despejado.
El borde es un lugar para sentarse y admirar la grandeza que te rodea. Creo que era el sitio favorito de Diana Goncalves, que subía por segunda vez.
El grupo en el borde del Roraima y al fondo el Kukenám. Solo hace falta Mario Goncalves en la foto porque andaba curioseando por ahi 🙂
Selfie con Roraima, en la vuelta el día nos regaló un atardecer hermoso para verlo por última vez. Parece mentira que lo subimos y lo vivimos.
Roraima Tepuy, en mi última vista.

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