Por un vello público

El asunto de la censura al desnudo en las redes sociales más populares pica y se extiende; sin diferenciación entre lo que es pornografía y lo que es arte, de manera arbitraria, casi inmediata y sin preguntas de por medio, son eliminadas fotografías e inhabilitadas cuentas a diestra y siniestra por mostrar cualquier parte del cuerpo que sea catalogada como “ofensiva” para cierta población.

Al parecer la gente de Instagram (plataforma comprada por Facebook) tiene cierto prurito con el vello, tanto femenino, como masculino, en las fotografías. En el año 2013, la joven artista Petra Collins fue víctima de la censura al publicar una fotografía donde mostraba parte del vello púbico al usar un traje de baño, lo que la llevó a escribir un ensayo acerca de la censura y el cuerpo femenino.  Recientemente la cuenta de la revista australiana Stick and Stones fue suspendida  debido a que algunas de sus fotografías mostraban modelos a quienes se les podía ver algo de vello al usar trajes de baño.

Petra Collins

Foto: Petra Collins

Hay quienes afirman que tal censura solamente es aplicada cuando se trata de vello púbico femenino, y se han declarado en contra del sexismo en las redes sociales, sin embargo, nada es definitivo. El caso de mi talentoso alumno de fotografía Sandder Carrero demuestra lo contrario. Gran parte de su trabajo fotográfico está basado en el autorretrato, explora su cuerpo y mantiene una línea íntima y reflexiva en su lenguaje visual, por lo que ha sido severamente censurado en Instagram. En una oportunidad, una fotografía que dejaba ver su parte de su pene y por supuesto, mucho vello, duró muy poco tiempo en la red. “Era de esperarse”, pensé cuando vi como minutos después de su publicación y casi de inmediato fue borrada de la faz de las redes. A raíz de situaciones similares confiesa que se ha autocensurado, su trabajo comienza a ser menos íntimo y más “común”, sin que eso signifique que no sean buenas sus imágenes, pero me ha dejado con las ganas de seguir viendo la evolución de su lenguaje a través del cuerpo. Él se ha sentido presa de varios “cazadores” por mostrar su cuerpo sin ropa, y así es como define a aquellos que se encargan de denunciar los contenidos como impropios sin detenerse a pensar si es una expresión artística, exhibicionismo o pornografía, a quienes puedo imaginar perfectos y acicalados pulsando botones de denuncia por cada cosa “escandalosa” que ven, pero son incapaces de activar filtros de “contenido seguro” o dejan que sus hijos menores – siendo que está prohibido – tengan cuentas en redes sociales “porque es cool”. En sus propias palabras Sandder dice que “se vuelve fastidioso que el cuerpo humano siga siendo un tabú, aun cuando es lo más común e importante que tenemos. La censura ha llegado a limitarme, me hace pensar mucho, es miedo lo que me hace sentir y eso me molesta, que la censura (sociedad) controle mi libertad”. Cuando hablamos acerca de la eliminación de su fotografía en Instagram me entero de que incluso, aparte de haber sido censurado,  varias personas lo dejaron de seguir. ¿De verdad es tan ofensivo ver un la mitad de un pene?

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Foto: Sandder Carrero

Estos episodios de censura llaman inmensamente mi atención. Todo parece ser obra de personas que trasladan eficientemente a nuestros tiempos las normas de “decoro” del siglo XVIII, que no permitían mostrar en las obras de arte los genitales masculinos o femeninos, y eran cubiertos convenientemente por hojas de parra a modo de una sutil e improvisada ropa íntima. ¿Cual si fuésemos Francisco de Goya y Lucientes y su famosa Maja Desnuda, somos juzgados por mostrar cuerpos reales en las redes sociales? ¿Tal como sucedió  con esta obra de arte, tendremos que esperar un par de siglos para que pueda ser aceptada la publicación de cuerpos al natural en las plataformas más populares de internet? ¿No es esto un retroceso absoluto en el reconocimiento del cuerpo como expresión artística?

Pero volvamos al vello, que quiere ser público y nada que lo dejan. Irónicamente, el vello censurado, esa vegetación natural que cumple la función fundamental de proteger nuestro cuerpo, a la vez evita que sea visto aquello que ofende, trastorna y que para muchas culturas fue inquietante durante siglos y aparentemente lo sigue siendo: los genitales. Pareciera que la presencia del vello anuncia o marca el camino hacia algo misterioso y prohibido, una especie de infierno latente, el camino al pecado, a la perdición. Es sabido que en las leyendas de ciertas culturas a los genitales femeninos se les atribuyen facultades mágicas o protectoras. El solo hecho de mostrar la vulva podía originar la resucitación de los muertos, espantar al diablo o combatir los males. Freud, en su brevísimo ensayo La Cabeza de la Medusa, intuía que mirar la vulva generaba miedo a la castración en los niños, y dejaba ver que la excitación que originaba estaba atada íntimamente al miedo a perder el pene. Así que pareciera lógico que la sola sugerencia de un camino hacia aquella visión catastrófica tenga que ver con la censura.

Lo interesante es que, a lo largo de la historia del arte el vello fue, hasta cierto punto,  el gran ausente en la representación de la figura humana. En el arte egipcio era representado como un triángulo negro, en la época medieval rara vez se muestra, al igual que el la época clásica europea del arte. El conocido Miguel Angel mostraba vello en los genitales masculinos, más no  en los femeninos, siendo la excepción los cuerpos masculinos en el fresco de la capilla sixtina, por razones casi obvias. Durante el renacimiento no cambió en mucho el asunto, los hombres eran peludos, las mujeres “virginalmente” depiladas, con excepciones puntuales. Así que nos acostumbramos a ver cuerpos sin pelo como si de una normalidad se tratara. Tan es así, que el famoso crítico de arte inglés John Ruskin, protagonizó una controversia social en el año 1848 al divorciarse, tras seis años de matrimonio, por no haber consumado su unión aludiendo que el cuerpo de su mujer “peluda” le resultaba repugnante y que era totalmente distinto a como se lo había imaginado, ya que antes de casarse no había visto a una mujer real desnuda, sino solo pinturas y esculturas de famosos artistas. Se dice que a Ruskin le horrorizaba ver a su antes novia, de rostro hermoso y delicado, atada a un cuerpo que contenía una mata de pelo áspero y salvaje, muy similar a la de un hombre, en sus partes púdicas. Chismes van y chismes vienen sobre el caso de Ruskin y su horror por el vello púbico, pero quizás algo de eso hay en los censuradores de esta época. El horror por un cuerpo real.

Pero realmente fue Gustave Courbet el que escandalizó más con sus desnudos femeninos. En 1866 El Origen del Mundo no solo mostró por primera vez una mujer con grueso vello en su pubis, sino que además presenta los genitales expuestos. La pieza pasó de mano en mano de anticuarios, coleccionistas y pequeñas galerías sin mostrarse mucho hasta 1981, más de un siglo dedicada solo a la contemplación privada. Fue asignada al Museo de Orsay para su custodia por el gobierno francés, quien la adquirió por un embargo de impuestos y allí está exhibida desde 1995. Muchos curadores no se han atrevido a exponerla y todavía en la actualidad sigue causando asombro en la sala donde se deja ver, hasta hace poco custodiada por guardias de seguridad.

Por supuesto las redes sociales tenían que poner su grano de arena en la verguenza histórica de esta pieza de arte. En el 2011 la cuenta de Facebook de un hombre francés fue suspendida por haber colgado una reproducción de El Origen de la Vida, y previamente ya lo habían hecho con el artista danés Frode Steinicke, quien había osado en mostrar esta obra de arte en su muro virtual. El escándalo no se hizo esperar; el ciudadano afectado introdujo una demanda a la red social exigiendo la restitución de su cuenta e indemnización de 2.000 euros. A la fecha no se conoce la resolución del caso, en el que el abogado de la causa lamenta que la famosa plataforma “no distinga entre lo que es pornografía y lo que es una obra de arte”, acusándola de una “censura ciega”. Yo digo que tan ciega no es, porque tuvo que escandalizarse alguien por mirar aquello que tanto trastorna.

El Origen del Mundo (1866, Courbet). Museo de Orsay, París. Foto de Reuters

El Origen del Mundo (1866, Courbet). Museo de Orsay, París. Foto de Reuters

En la actualidad la cosa no es tan distinta. En el 2014, una obra de la artista británica Leena McCall, cuyo trabajo se ha dedicado al erotismo y al cuerpo de la mujer como una reflexión de género, fue retirada de una muestra de la Sociedad de Mujeres Artistas, por causar “repulsión” y tener un contenido abiertamente “pornográfico” . La pintura de La Señora Ruby de Pie muestra su “alfombra” delicada y peinada, en un cuerpo insinuante a medio vestir. Algunos dicen que el problema no es el pubis velludo de la señora, sino sus tatuajes y su actitud lo que originó el escándalo, pero lo cierto es que la pintura fue eliminada del recorrido de la exhibición haciendo que más de un movimiento feminista levantara la mano por “un pubis con vello”.

La Señora Ruby de Pie. Fuente: Sociedad de Mujeres Artistas

La Señora Ruby de Pie. Fuente: Sociedad de Mujeres Artistas

Y mientras algunos escribimos sobre la censura, criticamos la actuación de las redes sociales y pataleamos por todos los rincones sobre el tema, el artista del collage Naro Pinaso, que se describe como “bradicárdico y censurado” , ha burlado todas las posibles reglas de la censura de las redes sociales, especialmente Instagram, usando, a su vez,  la censura como parte de su trabajo. A través de la unión de fotografías oculta, pero a la vez sugiere o muestra, en mi criterio de manera más fuerte y directa, mensajes sobre la sexualidad, la genitalidad, el género y el cuerpo, que no han podido ser censurados por no mostrar explícitamente aquello que “escandalizaría”. En una salida magistral, el lenguaje visual de Naro ha trasgredido toda posible acción en su contra, de una manera brillante, mordaz, llena de ironía y en algunos casos, humor. Bravo por Naro.

[ ... fist ] por Naro Pisano

[ … fist ] por Naro Pisano

Por Naro Pisano

Por Naro Pisano

Yo, mientras tanto, sigo buscando la razón de tanta censura sin sentido, contemplando la doble moral y siendo testigo de como retrocedemos en los tiempos de la más ágil tecnología de comunicación de masas. ¿Quien me acompaña?

 

 

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