¿Mujeres “nomo” o una nueva visión de la maternidad?

*** NOTA: Este post originó, debido a las fotografías que muestran desnudez natural de madres e hijos e imágenes que pueden ser catalogadas por los algoritmos automáticos de google como “contenido sensible”, que mi perfil de Google fuese inhabilitado por 4 días. Permanecí sin acceso a correo, youtube, google+ y blogger durante ese tiempo. Ejercí las denuncias correspondientes a mi caso que puedes verificar en este link y tras la ayuda de algunas personas allegadas, se logró el desbloqueo. Este tipo de acciones de censura violenta y sin que medie investigación en las redes sociales es totalmente contrario al espíritu que pregona esta plataforma acerca de la libertad de expresión, ya que ejercen acciones sin consulta y sin que medie el criterio humano en las mismas. Es inaudito, además, que fotografías desarrolladas por artistas de gran trayectoria, que solo muestran a madres e hijos de modo natural y sin alteración, sean catalogadas por denuncias de usuarios como ofensivas o pornográficas y su uso en esta plataforma traiga como consecuencia una censura agresiva y desproporcionada. Espero disfruten el post que contiene una fotografía “banneada” de Elinor Carucci, la cual fue el origen de todas las acciones contra mi cuenta. Tras la rehabilitación del blog se incluye como pie de foto la declaración de la artista Ana Alvarez Errecalde, quien se hizo eco de la censura sufrida en mi caso, la cual ha sido repetitiva para su obra y me solicitó incluirla en este artículo, a lo cual accedí con mucho gusto. Gracias por leer***

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Una mujer NOMO es aquella que decidió no tener hijos, o al menos eso dicen algunos blogs.  El nombre viene de la abreviatura de la frase “No Mother” en inglés. Mucho se ha hablado y escrito sobre eso, los blogs se llenan de opiniones, los medios de artículos, es un tema polémico que ha dado de que hablar y está que arde en este momento. Todo se basa en que una generación de mujeres decidió no procrear, lo cual tuvo que ver mayormente con sus circunstancias, sobre todo aquellas que vivieron la llamada “revolución sexual” y pueden haber alcanzado más de 30 años sin haber procreado. Las estadísticas de la organización Gateway Woman indican que 1 de 5 mujeres de esta generación decidieron no tener hijos y son “NOMO-by-circunstance”, es decir, por las circunstancias que vivieron. Su eslogan es “Quizás no somos madres, pero aquí estamos, nos importa, formamos parte y rockeamos”, en función de la discriminación, críticas u opiniones que sufren por una sociedad que piensa que para ser mujer debes haber procreado como una manera de afianzar tu condición femenina. Mi amiga Aglaia Berlutti se ha dedicado a escribir sobre el tema en el portal Contrapunto Venezuela y ha llamado mi atención, porque me doy cuenta que no solo se trata de la decisión de no tener hijos, sino que además viene acompañada de una renovada manera de ver la maternidad.

Me dediqué un poco a investigar como, en el mundo del arte, también las circunstancias llevaron a fotógrafas y artistas, a cambiar la visión sobre lo femenino en las últimas décadas. Toda una generación de mujeres artistas nacidas también en los años ’60 y ’70 y que no son “nomo” sino que decidieron ser madres (de modo natural, por inseminación artificial, o por adopción, algunas madres solteras, otras madres con pareja), han vivido la maternidad en un momento muy particular, en medio de una revolución de géneros, cambio o cruce de roles entre lo femenino y lo masculino, y una nueva apreciación de lo femenino como identidad. Desarrollaron entonces una mirada diferente sobre el hecho de ser madres, bastante alejada de la romántica y sublimada concepción de los años previos, sin el barniz chicloso comercial, sin el velo rosado de la sociedad clásica, sin el adulcorado enamoramiento del momento. Es una nueva visión de la maternidad, renovada y para algunos cruda. No representan el bíblico “…y parirás con dolor” que plantea la maternidad como un castigo divino como consecuencia de la consciencia que adquirió sobre su desnudez y sexualidad, sino más bien una visión bastante aterrizada, muy real, desprovista de preconcepciones y muy auténtica, honesta sin dejar de ser poética.

Empezaré por hablar del tan aplaudido como controvertido trabajo “KINDERWUNSCH” (2003-2010) de Ana Casas Broda, fotógrafa española que recogió en más de 100 fotos y texto el proceso de concepción, embarazo y crianza de sus hijos, a quienes decidió concebir por inseminación artificial contando con cerca de 40 años de edad. Con imágenes limpias, bien ejecutadas, de iluminación teatral, y en muchos casos conceptuales, Ana Casas logra involucrarnos con los cambios físicos y emocionales que implica ser madre. El cuerpo es, como en todos los trabajos de la artista,  el  hilo conductor de la narrativa y lo utiliza como lienzo para mostrar los momentos del proceso, que ella misma define como un tránsito “lento y tortuoso, pero también placentero hacia la condición de madre”, desafiando a una sociedad recatada, llena de mitos sobre la maternidad y prejuicios acerca de la desnudez. El fotoensayo fue rechazado por varias editoriales debido a la presencia de imágenes demasiado explícitas y reales, y  en el 2013 fue editado por la editorial española La Fabrica.

“El deseo de tener un hijo, un embarazo. Habitar un cuerpo ajeno, perfecto. Parir, los pechos llenos de leche, el delirio de los primeros meses. Un espacio atemporal, sin forma, día y noche se suceden sin divisiones. El placer de ese pequeño cuerpo pegado al mío, a mi pecho, amamantar cada tres horas, dormitar, delirar, el agotamiento”, escribe la fotógrafa en uno de los textos del libro.

“El deseo de tener un hijo, un embarazo. Habitar un cuerpo ajeno, perfecto. Parir, los pechos llenos de leche, el delirio de los primeros meses. Un espacio atemporal, sin forma, día y noche se suceden sin divisiones. El placer de ese pequeño cuerpo pegado al mío, a mi pecho, amamantar cada tres horas, dormitar, delirar, el agotamiento”, escribe la fotógrafa en uno de los textos del libro

“El deseo de tener un hijo, un embarazo. Habitar un cuerpo ajeno, perfecto. Parir, los pechos llenos de leche, el delirio de los primeros meses, un espacio atemporal, sin forma, día y noche se suceden sin divisiones. El placer de ese pequeño cuerpo pegado al mío, a mi pecho, amamantar cada tres horas, dormitar, delirar, el agotamiento. Un cuerpo que se alimenta de mí. Tantas emociones intensas, contradictorias, sorprendentes. Y en algún momento, un deslizamiento a otra escena, un movimiento imperceptible, radical.” – A.C.B.

“MOTHER” es el tránsito por la maternidad de la fotógrafa Elinor Carucci, norteamericana con orígenes israelíes, que empieza con su embarazo y culmina cuando sus morochos (niña y niño) tienen 8 años. Ella captó la experiencia de ser una nueva madre en un diario fotográfico, siguiendo la línea de sus trabajos anteriores en los que documenta su vida diaria.  Carucci es reconocida por fotografiar obsesivamente momentos personales de una manera muy honesta, sin censurarse u ocultar las realidades que la rodean, desafiando constantemente las preconcepciones sociales. En este trabajo muestra no solo la alegría de ser madre sino también las angustias y sin sabores que implica, pero también, por muy fuera de lugar que suene, cierta sensualidad y melancolía que rodea a la crianza de los hijos. El libro fue publicado en el 2013 casi a la par del trabajo de Ana Casas Broda y llegaron a exponer juntas en la muestra “Home Truths” curada por Susana Bright.

“Las cosas cambian, no solo nuestros cuerpos. Hay algo que nos une cuando nos convertimos en madres. No es solo la purísima y bellísima imagen que creemos. Espero que se puedan sentir identificadas” – E.C. 

Por su parte Ana Alvarez Errecalde, fotógrafa y video artista argentina, luego de ser madre por primera vez, decidió mostrar al mundo su visión de la maternidad a través de autorretratos que hizo tras su segundo parto y con ello escandalizó a más de un espectador. Cuando fue entrevistada al respecto dijo que su intención era mostrar un nuevo imaginario sobre la maternidad, su visión personal, que desafía la idealizada estampa materna a la que estamos acostumbrados especialmente en las bellas artes, decisión que tomara al momento de mirar las hojas de contacto – inicialmente no sería incluido en su obra artística – bajo la reflexión de que el mundo debía conocer otra realidad sobre la maternidad que hasta ahora sentía no había sido mostrada. Consiguió las fotografías minutos después de haber dado a luz, en la intimidad de su casa. Todo lo que se ve en la imagen fue planificado, Ana parió y caminó hacia el set – perfectamente preparado y medido por ella – con su bebé en brazos, todavía unidos por el cordón umbilical. Hizo una secuencia de fotografías, y en el sinfin blanco parió la placenta, con la cual aparece también, mientras ya está amamantando. Un fondo limpio, blanco e inmaculado, manchado de sangre pura y limpia también, una madre recién parida con sonrisa de oreja a oreja, orgullosa, fuerte, de pie, no malograda, abollada, ni cortada. Una imagen que esconde tras su aparente crudeza, una poesía profunda, fuerte e inspiradora y que además se contraponen a las imágenes e íconos religiosos y mediáticos que plantean a las madres más como víctimas o pacientes que mujeres autónomas y activas. Las fotografías fueron realizadas en el 2005, pero hasta el 2007 no hubo quien las publicara.

“La violencia hacia las mujeres se inicia con la represión de su sexualidad, la apropiación de sus partos, la interferencia en todos los ciclos vitales y la creación de roles manipulados. Una madre negada negará a sus hijos , su cuerpo y su presencia, de modo que todos terminan conformándose a una sociedad desatendida, no amada, desnutrida” – A.E. (sobre tener que censurar una de sus imágenes).

La fotógrafa y artista austriaca Elina Brotherus quien nos tiene acostumbrados a sus reflexiones sobre la identidad, las emociones y el paso del tiempo, fotografió en el 2003 el cuarto parto de su amiga Hanna, que es coreógrafa y bailarina. Lo hizo por petición de su amiga que decía no recordar mucho sus partos anteriores. Elina incluye entonces en su obra artística el trabajo “Brotherus Girl”, fotografía secuenciada del parto de Hanna. Son imágenes documentales cargadas de sensaciones y realismo. El siguiente verano grabó el cortometraje con el mismo nombre donde vemos a Hanna vestida de rojo bailando sola por un camino, sus movimientos y baile sugieren en algunos casos angustia y en otras libertad; al final del camino una colina donde está su hija a quien se une y luego de amamantarla sigue por el mismo camino, bailando de la misma manera con su hija en brazos. 

 

Brotherus, tyttö – 2004 from Elina Brotherus on Vimeo.

Pero antes de todas ellas, fue la artista conceptual y escritora Mary Kelly, quien en 1976 en medio de movimiento feminista y la posmodernidad, muestra su obra “Post-Partum Document”, en donde compila gran cantidad de evidencia sobre su maternidad: ropa de bebé, pañales sucios, fichas médicas, que se complementan con narraciones escritas por la artista. Es un trabajo que de una manera casi forense muestra un diario de sus vivencias a través de la crianza de su hijo. Fue una visión revolucionaria para la época, que daba por tierra con la hasta ahora harto representada visión de la madre abnegada, la crianza perfecta, la idílica relación madre-hijo.

Yo por mi lado soy madre, nací en 1970 y desde los 26, por decisión propia y tras una pérdida espontánea de un bebé que había llegado por accidente en mi primer año de matrimonio, transité y sigo transitando el camino de la maternidad. Rescaté algunos recuerdos, miré un álbum que dediqué a mi hija y encontré que poco había allí de mi misma. La convulsión que para mi significó ser madre, las circunstancias que me rodearon entonces y el tener que hacerme cargo de otros en un momento que teóricamente era para mi,  dejó casi sin evidencia fotográfica mi vivencia. Pero hay huellas de lo que fue y sigue siendo. Aquí mi homenaje a la nueva visión sobre la maternidad, incluida en mi diario visual “Self Completion Theory”.

Motherhood Memories (1996)

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