Archivo por meses: enero 2015

Sigo tirando letras

Ana-para-HipMama¡Hola de nuevo!

Luego de mi inhabilitación de Blogger por haber publicado un artículo sobre la nueva visión de la maternidad bajo la mirada de fotógrafas como Elinor Carucci, Ana Casas Broda y Ana Alvarez Errecalde, el cual incluía contenido catalogado como “inapropiado”, aquí estoy de vuelta. A raíz del evento la propia Ana Errecalde escribe en su blog: “Esta censura sobre los cuerpos es para mí sintomático de la altísima tasa de cesáreas (del 80% en el sector privado y el 40% en el público) y de la exhorbitante cantidad de cirugías estéticas (unas 634 cirugías AL DÍA, un total de 231.742 cirugías estéticas durante el  2013!!!!) que se realizan en ese país”.

El asunto de la censura en Venezuela es algo que vivimos cada día, y las redes sociales se han convertido en una vía para poder expresarnos abiertamente. Encontrar censura en las redes sociales es inaudito, no solo para los venezolanos, ya que irónicamente los que se llenan las bocas ofreciendo plataformas para la interacción libre, cuando son los primeros que caen en la hipocresía de ejercer acciones de censura sin siquiera iniciar una investigación o tener un mínimo de criterio sobre lo que es arte, pornografía o simple mal gusto. Soy defensora del libre pensamiento y expresión, por tanto no me sorprende, ni critico a aquellas personas que puedan sentirse ofendidas por ciertos contenidos sensibles. Del mismo modo espero que esas personas respeten mi manera de pensar sobre cualquier aspecto. Pero algo muy diferente es que alguien se sienta ofendido por algún contenido (para lo cual siempre podrá tener filtros en su navegador para bloquearlos), y otra que ejerza una denuncia categorizando lo que para sus ojos es ofensivo cuando podría no serlo para otros, y que para colmo, sobre esa base las plataformas gratuitas, que ofrecen ser la panasea de la comunicación abierta, ejerzan acciones de castigo tan fuertes como eliminar completamente tu perfil.

Ese fue mi caso. Así, sin aviso, ni protesto, un día todas las funcionalidades atadas a Google (correo electrónico, blog, youtube, google+ y más) fueron inhabilitadas para mi uso, como si de una ofensora sexual se tratara. Ya se han interpuesto peticiones de revisión y reconsideración del caso, y también se abrió un foro con las peticiones en el cual uds. pueden participar apoyándolo. Aquí les dejo el link.

Vale decir que independientemente de lo que suceda no seguiré usando la plataforma blogger o blogspot, o ninguna que dependa de una red social con tales restricciones y acciones sobre el contenido, que pueden ser válidas para algunos, pero que violentan mis derechos fundamentales tanto de expresión, como de comunicación e incluso de legítima defensa. Por otro lado, éste mi blog, es mi espacio de libre pensamiento. Si usted no está de acuerdo con algún contenido que aquí tenga a bien leer, está en su derecho también de expresarse y para ello tiene la opción de comentar y decir lo que piense; yo publicaré y le daré espacio. Pero por favor, si siente la necesidad de denunciar (quien sabe ante cualquier instancia esta vez), sepa que es un cobarde que básicamente no defiende sus ideas, sino que actúa bajo la sombra hipócrita de sus creencias.

Les saludo entonces de nuevo y les digo que siempre seguiré tirando letras. Gracias por leer.

¿Mujeres “nomo” o una nueva visión de la maternidad?

*** NOTA: Este post originó, debido a las fotografías que muestran desnudez natural de madres e hijos e imágenes que pueden ser catalogadas por los algoritmos automáticos de google como “contenido sensible”, que mi perfil de Google fuese inhabilitado por 4 días. Permanecí sin acceso a correo, youtube, google+ y blogger durante ese tiempo. Ejercí las denuncias correspondientes a mi caso que puedes verificar en este link y tras la ayuda de algunas personas allegadas, se logró el desbloqueo. Este tipo de acciones de censura violenta y sin que medie investigación en las redes sociales es totalmente contrario al espíritu que pregona esta plataforma acerca de la libertad de expresión, ya que ejercen acciones sin consulta y sin que medie el criterio humano en las mismas. Es inaudito, además, que fotografías desarrolladas por artistas de gran trayectoria, que solo muestran a madres e hijos de modo natural y sin alteración, sean catalogadas por denuncias de usuarios como ofensivas o pornográficas y su uso en esta plataforma traiga como consecuencia una censura agresiva y desproporcionada. Espero disfruten el post que contiene una fotografía “banneada” de Elinor Carucci, la cual fue el origen de todas las acciones contra mi cuenta. Tras la rehabilitación del blog se incluye como pie de foto la declaración de la artista Ana Alvarez Errecalde, quien se hizo eco de la censura sufrida en mi caso, la cual ha sido repetitiva para su obra y me solicitó incluirla en este artículo, a lo cual accedí con mucho gusto. Gracias por leer***

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Una mujer NOMO es aquella que decidió no tener hijos, o al menos eso dicen algunos blogs.  El nombre viene de la abreviatura de la frase “No Mother” en inglés. Mucho se ha hablado y escrito sobre eso, los blogs se llenan de opiniones, los medios de artículos, es un tema polémico que ha dado de que hablar y está que arde en este momento. Todo se basa en que una generación de mujeres decidió no procrear, lo cual tuvo que ver mayormente con sus circunstancias, sobre todo aquellas que vivieron la llamada “revolución sexual” y pueden haber alcanzado más de 30 años sin haber procreado. Las estadísticas de la organización Gateway Woman indican que 1 de 5 mujeres de esta generación decidieron no tener hijos y son “NOMO-by-circunstance”, es decir, por las circunstancias que vivieron. Su eslogan es “Quizás no somos madres, pero aquí estamos, nos importa, formamos parte y rockeamos”, en función de la discriminación, críticas u opiniones que sufren por una sociedad que piensa que para ser mujer debes haber procreado como una manera de afianzar tu condición femenina. Mi amiga Aglaia Berlutti se ha dedicado a escribir sobre el tema en el portal Contrapunto Venezuela y ha llamado mi atención, porque me doy cuenta que no solo se trata de la decisión de no tener hijos, sino que además viene acompañada de una renovada manera de ver la maternidad.

Me dediqué un poco a investigar como, en el mundo del arte, también las circunstancias llevaron a fotógrafas y artistas, a cambiar la visión sobre lo femenino en las últimas décadas. Toda una generación de mujeres artistas nacidas también en los años ’60 y ’70 y que no son “nomo” sino que decidieron ser madres (de modo natural, por inseminación artificial, o por adopción, algunas madres solteras, otras madres con pareja), han vivido la maternidad en un momento muy particular, en medio de una revolución de géneros, cambio o cruce de roles entre lo femenino y lo masculino, y una nueva apreciación de lo femenino como identidad. Desarrollaron entonces una mirada diferente sobre el hecho de ser madres, bastante alejada de la romántica y sublimada concepción de los años previos, sin el barniz chicloso comercial, sin el velo rosado de la sociedad clásica, sin el adulcorado enamoramiento del momento. Es una nueva visión de la maternidad, renovada y para algunos cruda. No representan el bíblico “…y parirás con dolor” que plantea la maternidad como un castigo divino como consecuencia de la consciencia que adquirió sobre su desnudez y sexualidad, sino más bien una visión bastante aterrizada, muy real, desprovista de preconcepciones y muy auténtica, honesta sin dejar de ser poética.

Empezaré por hablar del tan aplaudido como controvertido trabajo “KINDERWUNSCH” (2003-2010) de Ana Casas Broda, fotógrafa española que recogió en más de 100 fotos y texto el proceso de concepción, embarazo y crianza de sus hijos, a quienes decidió concebir por inseminación artificial contando con cerca de 40 años de edad. Con imágenes limpias, bien ejecutadas, de iluminación teatral, y en muchos casos conceptuales, Ana Casas logra involucrarnos con los cambios físicos y emocionales que implica ser madre. El cuerpo es, como en todos los trabajos de la artista,  el  hilo conductor de la narrativa y lo utiliza como lienzo para mostrar los momentos del proceso, que ella misma define como un tránsito “lento y tortuoso, pero también placentero hacia la condición de madre”, desafiando a una sociedad recatada, llena de mitos sobre la maternidad y prejuicios acerca de la desnudez. El fotoensayo fue rechazado por varias editoriales debido a la presencia de imágenes demasiado explícitas y reales, y  en el 2013 fue editado por la editorial española La Fabrica.

“El deseo de tener un hijo, un embarazo. Habitar un cuerpo ajeno, perfecto. Parir, los pechos llenos de leche, el delirio de los primeros meses. Un espacio atemporal, sin forma, día y noche se suceden sin divisiones. El placer de ese pequeño cuerpo pegado al mío, a mi pecho, amamantar cada tres horas, dormitar, delirar, el agotamiento”, escribe la fotógrafa en uno de los textos del libro.

“El deseo de tener un hijo, un embarazo. Habitar un cuerpo ajeno, perfecto. Parir, los pechos llenos de leche, el delirio de los primeros meses. Un espacio atemporal, sin forma, día y noche se suceden sin divisiones. El placer de ese pequeño cuerpo pegado al mío, a mi pecho, amamantar cada tres horas, dormitar, delirar, el agotamiento”, escribe la fotógrafa en uno de los textos del libro

“El deseo de tener un hijo, un embarazo. Habitar un cuerpo ajeno, perfecto. Parir, los pechos llenos de leche, el delirio de los primeros meses, un espacio atemporal, sin forma, día y noche se suceden sin divisiones. El placer de ese pequeño cuerpo pegado al mío, a mi pecho, amamantar cada tres horas, dormitar, delirar, el agotamiento. Un cuerpo que se alimenta de mí. Tantas emociones intensas, contradictorias, sorprendentes. Y en algún momento, un deslizamiento a otra escena, un movimiento imperceptible, radical.” – A.C.B.

“MOTHER” es el tránsito por la maternidad de la fotógrafa Elinor Carucci, norteamericana con orígenes israelíes, que empieza con su embarazo y culmina cuando sus morochos (niña y niño) tienen 8 años. Ella captó la experiencia de ser una nueva madre en un diario fotográfico, siguiendo la línea de sus trabajos anteriores en los que documenta su vida diaria.  Carucci es reconocida por fotografiar obsesivamente momentos personales de una manera muy honesta, sin censurarse u ocultar las realidades que la rodean, desafiando constantemente las preconcepciones sociales. En este trabajo muestra no solo la alegría de ser madre sino también las angustias y sin sabores que implica, pero también, por muy fuera de lugar que suene, cierta sensualidad y melancolía que rodea a la crianza de los hijos. El libro fue publicado en el 2013 casi a la par del trabajo de Ana Casas Broda y llegaron a exponer juntas en la muestra “Home Truths” curada por Susana Bright.

“Las cosas cambian, no solo nuestros cuerpos. Hay algo que nos une cuando nos convertimos en madres. No es solo la purísima y bellísima imagen que creemos. Espero que se puedan sentir identificadas” – E.C. 

Por su parte Ana Alvarez Errecalde, fotógrafa y video artista argentina, luego de ser madre por primera vez, decidió mostrar al mundo su visión de la maternidad a través de autorretratos que hizo tras su segundo parto y con ello escandalizó a más de un espectador. Cuando fue entrevistada al respecto dijo que su intención era mostrar un nuevo imaginario sobre la maternidad, su visión personal, que desafía la idealizada estampa materna a la que estamos acostumbrados especialmente en las bellas artes, decisión que tomara al momento de mirar las hojas de contacto – inicialmente no sería incluido en su obra artística – bajo la reflexión de que el mundo debía conocer otra realidad sobre la maternidad que hasta ahora sentía no había sido mostrada. Consiguió las fotografías minutos después de haber dado a luz, en la intimidad de su casa. Todo lo que se ve en la imagen fue planificado, Ana parió y caminó hacia el set – perfectamente preparado y medido por ella – con su bebé en brazos, todavía unidos por el cordón umbilical. Hizo una secuencia de fotografías, y en el sinfin blanco parió la placenta, con la cual aparece también, mientras ya está amamantando. Un fondo limpio, blanco e inmaculado, manchado de sangre pura y limpia también, una madre recién parida con sonrisa de oreja a oreja, orgullosa, fuerte, de pie, no malograda, abollada, ni cortada. Una imagen que esconde tras su aparente crudeza, una poesía profunda, fuerte e inspiradora y que además se contraponen a las imágenes e íconos religiosos y mediáticos que plantean a las madres más como víctimas o pacientes que mujeres autónomas y activas. Las fotografías fueron realizadas en el 2005, pero hasta el 2007 no hubo quien las publicara.

“La violencia hacia las mujeres se inicia con la represión de su sexualidad, la apropiación de sus partos, la interferencia en todos los ciclos vitales y la creación de roles manipulados. Una madre negada negará a sus hijos , su cuerpo y su presencia, de modo que todos terminan conformándose a una sociedad desatendida, no amada, desnutrida” – A.E. (sobre tener que censurar una de sus imágenes).

La fotógrafa y artista austriaca Elina Brotherus quien nos tiene acostumbrados a sus reflexiones sobre la identidad, las emociones y el paso del tiempo, fotografió en el 2003 el cuarto parto de su amiga Hanna, que es coreógrafa y bailarina. Lo hizo por petición de su amiga que decía no recordar mucho sus partos anteriores. Elina incluye entonces en su obra artística el trabajo “Brotherus Girl”, fotografía secuenciada del parto de Hanna. Son imágenes documentales cargadas de sensaciones y realismo. El siguiente verano grabó el cortometraje con el mismo nombre donde vemos a Hanna vestida de rojo bailando sola por un camino, sus movimientos y baile sugieren en algunos casos angustia y en otras libertad; al final del camino una colina donde está su hija a quien se une y luego de amamantarla sigue por el mismo camino, bailando de la misma manera con su hija en brazos. 

 

Brotherus, tyttö – 2004 from Elina Brotherus on Vimeo.

Pero antes de todas ellas, fue la artista conceptual y escritora Mary Kelly, quien en 1976 en medio de movimiento feminista y la posmodernidad, muestra su obra “Post-Partum Document”, en donde compila gran cantidad de evidencia sobre su maternidad: ropa de bebé, pañales sucios, fichas médicas, que se complementan con narraciones escritas por la artista. Es un trabajo que de una manera casi forense muestra un diario de sus vivencias a través de la crianza de su hijo. Fue una visión revolucionaria para la época, que daba por tierra con la hasta ahora harto representada visión de la madre abnegada, la crianza perfecta, la idílica relación madre-hijo.

Yo por mi lado soy madre, nací en 1970 y desde los 26, por decisión propia y tras una pérdida espontánea de un bebé que había llegado por accidente en mi primer año de matrimonio, transité y sigo transitando el camino de la maternidad. Rescaté algunos recuerdos, miré un álbum que dediqué a mi hija y encontré que poco había allí de mi misma. La convulsión que para mi significó ser madre, las circunstancias que me rodearon entonces y el tener que hacerme cargo de otros en un momento que teóricamente era para mi,  dejó casi sin evidencia fotográfica mi vivencia. Pero hay huellas de lo que fue y sigue siendo. Aquí mi homenaje a la nueva visión sobre la maternidad, incluida en mi diario visual “Self Completion Theory”.

Motherhood Memories (1996)

Lo que trae la cola

Las colas que desde muy temprano en las mañanas comienzan a hacer los venezolanos para comprar comida no solo son “trending topic” en una red social, son una realidad dura y pesada que recrudeció con el amanecer del 2015. Las razones son conocidas, aunque también se aluden causas bastante rebuscadas basadas en guerras económicas, saboteos burgueses y ataques psicológicos planificados por una oposición al gobierno de turno que en mi criterio está prácticamente muerta. El sol no se puede tapar con un dedo, y comenzamos a ver como estas filas humanas forman parte de una de las señales más fuertes que indican que la cosa no anda bien en Venezuela. “El que tenga ojos, que vea”

Independientemente de como califiquemos estos hechos y a quien le asignemos responsabilidades me han dejado más impresionada las reacciones de las personas que ansían obtener sus productos de primera necesidad. He visto videos, leído relatos, escuchado las historias de desesperación, intentos de saqueo, violencia, robos de comida entre ciudadanos, y muchas acciones desesperadas. La naturaleza humana es increíble y el instinto de supervivencia salvaje. Ver cómo éste último prevalece, me confirma como nos hemos deteriorado como ciudadadanos y seres humanos.

Afortunadamente no he sido testigo directa de tales demostraciones de la pérdida de nuestra calidad humana, quizás porque dentro de mis decisiones ante la crisis que vivimos está la de evitar, en la medida de lo posible, y hasta donde pueda lograrlo, la confrontación. Eso implica evitar lugares donde esto pueda ocurrir, empezando este año por los mercados y supermercados. Una decisión bastante infantil la verdad, porque tarde o temprano tendría que ir a comprar comida como cualquier persona.

Hoy fue ese día, y mi burbuja personal explotó. Con decisión salí en la mañana al supermercado, el primero que se me atravesó, la verdad, y al no ver colas en la parte exterior me llené de optimismo y calma. Era distinto lo que sucedía en el recinto. Todos los pasillos estaban llenos de personas con sus carritos en su respectiva cola para pagar, los demás intentaban apretujados transitar en los espacios que quedaban libres y llenar su carrito con algo. Un acomodador gritaba “¡Agarren aceite que está barato!”, refiriéndose irónicamente a un aceite importado – el único en el anaquel – que superaba los mil bolívares la botella. Su chiste malo caldeaba los ánimos. Agarré una que otra cosa mientras iba por el primer pasillo y al final llegué a la carnicería, un grupo de gente se aglomeraba, aunque las neveras estaban completamente vacías. Pregunté a alguien que amablemente me dijo que la carne estaba dentro en las cavas y que no la exhibían para no generar revuelo, y que cuando tocara mi turno simplemente preguntara qué había. Así que tomé mi número: el 11 salió del rollo de números, siendo hoy 11.1.15 se me salió una sonrisa por la coincidencia; “Lucky number”, pensé. La señora de al lado me miró con cara extraña, y pude entenderlo porque realmente nadie estaba sonriendo. La pantallita marcaba que iban atendiendo al Nro. 4 y me propuse esperar.

Empecé a tratar de entender la dinámica, que era bastante lenta, y los carniceros – muy malencarados – no dirigían la palabra sino solamente a aquella persona que estaban atendiendo. Pude entender que estaban vendiendo una pieza de carne completa, y de allí cortaban todo lo que podían, pero debías comprarla toda o nada. Las piezas más pequeñas pesaban 5 kgs, que eran unos Bs. 1.800 que no todo el mundo podía pagar. Muchos se iban frustrados y molestos, una chica incluso casi llorando. Pasaba el tiempo y mientras esperaba lograron aglomerarse más de 50 personas para “ver lo que había”.

Uno de los clientes en la espera, un señor pequeño y canoso con ínfulas de sabelotodo, se dedicó a explicar a todo el que llegaba la dinámica y casi podía ver una media sonrisa asomarse en su rostro cada vez que alguien se iba y no tomaba número porque no podía comprar una pieza completa. ¿Qué morbosa razón podría generarle tal satisfacción?.  Realmente empezó a indignarme la situación, ¿porque obligaban a comprar una pieza completa limitando la posibilidad a personas que no tenían la necesidad ni el dinero para poder pagarla? Entendí de inmediato que era una medida del supermercado, y que ponerme a discutir sobre eso no ayudaría en nada, al contrario, generaría un posible motín con tanta gente desesperada.

Una señora bastante mayor llegó, como muchos, y el consabido señor le brindó la magistral explicación que repetía a todos, esta vez finalizando con la frase: “Esa es la mecánica, si no puede comprar toda la pieza se va”. No pude soportarlo más y desde donde estaba le pregunté a la señora qué necesitaba comprar, “Seis milanesas mija, eso es todo”. El marcador iba por el número 9 y en un rato tocaría mi turno, el número de la señora sería el 52 pero no lo iba a tomar. Me acerqué a la señora y le dije, “Venga conmigo, yo pido la pieza y la compartimos, le digo al muchacho que pese lo suyo aparte y ahí vemos cuanto le toca pagar, vamos juntas a la caja y ud paga lo suyo”. La cara de la señora me decía que no podía creer lo que pasaba, e incluso pensó que era una especie de “bachaquera” y que le pediría dinero. No pude sino reírme, “¡No señora! Yo solo quiero ayudarla”. Cruzamos nombres, ella se llama Martha. No faltaron las bendiciones, y por supuesto el agradecimiento.

Otras personas al escuchar lo sucedido empezaron a ponerse de acuerdo y finalmente alguien empezó a organizar grupos de 2 o tres personas que quisieran comprar poco para que compartieran la famosa pieza. El ánimo cambió de inmediato, muchas personas que esperaban se vieron aliviadas al no tener que gastar tanto dinero, empezaron las sonrisas y el humor, se compartían los nombres y se cruzaban teléfonos para avisarse cuando hubiese algún producto cerca en la comunidad. Personas que no se conocían empezaron a hablarse como si se conocieran de toda la vida. Los carniceros entendieron lo que pasaba, ellos eran solo empleados y se dieron cuenta que estaba bien, y que ellos podían seguir cumpliendo las instrucciones de su jefe y no meterse en problemas. También empezaron a sonreír. Vi como un señor mayor, quizás el Gerente, llegó desde adentro de las cavas a preguntar que pasaba, y los empleados contestaron: “Nada, estamos vendiendo piezas enteras como usted nos dijo”. No escuché más al señor pequeño y canoso.

Otras soluciones surgieron: mientras alguien pedía la pieza de carne y esperaba que hicieran los cortes, la otra persona de su grupo iba haciendo la cola para pagar, así no se aglomeraba tanta gente frente a la carnicería y saldrían más rápido del local. Mientras uno esperaba su turno para la carne, los demás iban y compraban el resto de sus cosas. Finalmente, las dos horas y media que esperé resultaron amenas, conocí a Martha y a su hija María. Supe que Martha se había caído por las escaleras y tenía un chichón en la cabeza. María había sido alguna vez obesa, pero pudo operarse el estómago y ahora está en su peso ideal y su autoestima mejoró mucho. Es soltera y vive con su mamá pero no pierde la esperanza de tener novio. Un atisbo de esperanza sobre el comportamiento ciudadano que tan ausente ha estado en los últimos tiempos surgió para mi.

Se que este hecho es quizás aislado, o quizás no, quizás lo que hace falta es que otras personas que han vivido experiencias similares lo cuenten y no solo contemos lo malo que vemos o vivimos a través de las redes sociales, a nuestros vecinos o amigos. Se vale darle valor a las cosas buenas que todavía hay, que pasan, y que son aquellas que nos van a ayudar a sobrellevar la situación que vivimos. Se también que tener un buen comportamiento ciudadano y ayudar a otros no es la única solución para muchos de los problemas que nos aquejan y que requieren de medidas de fondo que en mucho no están a nuestro alcance, pero sí estoy segura que apoyarnos en estos tiempos es primordial para no matarnos por un pedazo de carne.

No estoy en una burbuja, vivo en Caracas, Venezuela y me afectan todos los problemas que aquí tenemos. No les resto importancia, pero pienso cada día en como puedo aportar algo en mi entorno para sobrellevarlo todo. Así que seguiré compartiendo mi pedazo de carne, mi cuota de papel tualé, de leche o de lo que consiga, no como una aceptación de la situación, ni como una muestra de conformismo, ni porque sea una santa, ni quiera ser buena, sino porque creo auténticamente que ese comportamiento es el que puede hacer que luego de tanta destrucción podamos levantarnos de nuevo y reconstruir nuestro país. Ese tiempo, vendrá.