Archivo por meses: noviembre 2014

Revisitar Caracas: una invitación personal

Siempre he dicho que mi relación con Caracas es compleja. En algún momento, cuando mostré mis trabajos lomográficos “Todavía vivo Caracas” decía que era como una joven puta, que recibe golpes duros pero bajo los moretones, bien maquillados y disimulados, siempre surge su piel bonita y risueña, y hasta tiene todavía muchas sonrisas que regalar.

Cuando Yuly de la Alianza Francesa me contactó para invitar a La Escuela Foto Arte a participar en el Mes de la Foto durante Noviembre 2014, lo vi como la oportunidad perfecta para mostrar, más que fotografías, la experiencia que a través de la cámara había vivido un grupo de estudiantes tras aventurarse a fotografiar en la calle de la tan temida, convulsionada, maltratada y sobreviviente Caracas. En Agosto de este mismo año habíamos realizado, de la mano de mi hermano del alma Eleazar “Caps” Briceño y su pupilo Mario Goncalves un taller de Fotografía de Calle que tuvo gran convocatoria: 18 personas que con gran ansiedad y expectativa dijeron “si” a la posibilidad de fotografiar en las calles de nuestra ciudad. Teníamos entonces una labor de curaduría titánica, de entre unas 180 imágenes excelentes, elegir sólo 10 que representaran las diferentes emociones que es posible vivir a través de escenas y escenarios cotidianos de Caracas.

Así las cosas, diseñamos “Ciudad Revisitada: ensayos breves” una muestra colectiva que se plantea como una invitación a volver a ver, a re-mirar, y conectarse de un modo diferente con la ciudad que habitamos diariamente y que no nos detenemos a ver.  El diseño museográfico de Luis Eduardo Alonzo, plantea un rompimiento del clásico lienzo blanco de la pared que se ve cruzado por una  franja de gris concreto que, a modo de calzada, se convierte en una vía para transitar las imágenes  acompañadas de un breve ensayo escrito por cada autor.  Una imagen por pared, en un respiro, amplio y profundo; un gran descanso para mirar con calma y en contraste con la convulsionada ciudad cada fotografía como una expresión única e irrepetible. Junto al texto de sala, en sendos monitores se despliega un time lapse de la ciudad elaborado por Diego Mojica y testimonios de los participantes y tutores del taller.

Para mi, participar en la curaduría al lado de Luis R Lipavsky, en el cuidado trabajo de Luis E Alonzo, contar con el apoyo de Aglaia Berlutti, Mario Goncalves, Ineles Di Donna, Djain Fiallo, y María Eugenia Losada sin cuyo trabajo no sería posible el Mes de la Foto para La Escuela Foto Arte, no solo es un placer, sino una reafirmación de que, definitivamente, la fidelidad, reciprocidad y amistad, se demuestran con acciones desinteresadas y amables que solo son posibles cuando trabajas en familia. Me siento privilegiada y muy bendecida por ello. No tengo palabras suficientes para agradecerlo.

En nombre propio y de La Escuela Foto Arte muchas gracias a la Embajada de Francia, la Alianza Francesa, especialmente a Yuly Marrero, por abrir estos espacios tan importantes para la fotografía en Venezuela y desde ya nuestro compromiso para continuar trabajando para que siga siendo posible en el futuro. Obviamente también al patrocinante principal de esta muestra, La Terraza de la Foto, que ya se apuntalada como un espacio de encuentro para la fotografía en nuestra ciudad.

Agradecimientos adicionales para Edgar Rodríguez, Martín Rodríguez y Giacomo Migliorini, que amenizaron la noche con buena música en vivo.

Sin más, los invito a visitar la muestra y a revisitar Caracas.

Donde: Sede La Escuela Foto Arte (9na Transversal con 7ma Avenida, Quinta Alex, Altamira)
Cuando: Martes de Viernes – 9 am a 7 pm (para verificar horarios en que todas las salas estén disponibles favor llamar al 0212.2633309)

Un espacio que habla en imágenes, que nos rescata a nosotros mismos y a la ciudad como alma que quiere ser visible”- Claris Tigreros (Foto y texto)

 

Seis palabras

Tenía 3 años sin ver a mi hermano Armando; él vive fuera de Venezuela mucho antes de la era de la emigración venepesimista. Desde tempranito supo que su vida no iba a funcionar muy bien en este país de mentalidad de petrodólar y machismo absurdo, así que cuando tuvo el primer chance y gracias a su maravilloso coeficiente intelectual alzó vuelo becado y con todos los gastos pagos y más nunca vivió en el norte del sur. Algunas escapadas por algunos meses, seguidas de huídas intempestivas, una intentona de vuelta con frustración de realidades, un matrimonio, un divorcio, la madurez y el tiempo hicieron que tenga ya más de 20 años fuera del país. Es mi hermano el emigrante. El profesor, el investigador, el intelectual, al que admiro y con quien siempre odiaba jugar “Sabelotodo” porque no había quien le ganara, pero a quien quiero a chorros. Es padrino de mi única hija y vino a Venezuela especialmente a bautizarla aunque no entiende esos rituales. Tío-padrino de la única sobrina, la única nieta, la única descendencia de la generación de los 60 y 70 de los Montilla-Navarro.

En fin, ese no verlo por tanto tiempo, ese susto de ver como los pasajes subían y subían, esa incertidumbre de qué va a pasar después, de ésta puede ser la última oportunidad, de apúrate que después no sabes, me hizo meterme en internet y lanzarle un tarjetazo doloroso pero bien pensado y largarme un rato con destino a la casa gringa de mi hermano en Atlanta. Sin CADIVI y sin un cuerno, nada de eso importaba. Por supuesto, arrastrando con mi hijita querida a quien le di con mucho esfuerzo su viaje de cumple-graduación-navidad y conexos, porque “de aquí pa’ lante nadie sabe”. Sabía que era uno de esos viajes de los que uno vuelve con el corazón arrugado, con trancazos por las costillas y más arriba (además del bolsillo), preguntándose cosas, cuestionándose todo, porque al fin y al cabo, él se iba a quedar, como siempre y nosotras ibamos a regresar, quien sabe a donde.

La cosa es que ya montada en ese burro, y sabiendo lo que venía,  pues lo que tocaba era arrearlo, como dicen por ahí, y ya estando allá como para olvidarme del asunto me inventé que nos encaramaramos en un carrito alquilado y largamos por la carretera a ver qué destino lográbamos en 25 días que teníamos por delante. Con las mismas recorrimos un pocotón de millas (no quiero sacar la cuenta de los tanques de gasolina), conocimos 10 ciudades en 10 estados de USA y paramos por más de una noche en seis de ellas.

Por más que quise engañarme, la fotografía es el reflejo de lo que sentimos y cómo nos conectamos con los lugares que transitamos. Al menos así lo vivo diariamente, así es mi experiencia a través del lente. Disparé poco, observé mucho; no fui turista, fui de alguna manera una interprete de lo que sentía en la medida que recorría cada lugar. Así iba, con esa sensación crítica por delante. Aquí lo que edité como resultado de mi viaje. Son solo seis fotos, seis palabras.  Nada más, nada menos. Verlas fue identificar cada sensación en cada lugar, en una mirada aparentemente desafectada, en medio de tanta frontalidad. Un viaje nostálgico de vuelta neutral que se resume en seis palabras.

Atlanta, Georgia: Abandono
Charlotte, North Carolina: Poesía
Washington DC, District of Columbia: Indefensión
New York, New York: Sobrevalorado
Boston, Massachussets: Perfectible
Charleston, West Virginia: Inmensidad