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Entre la rebelión y la resistencia

22 de Febrero del 2014
7:42 pm

Hace una hora empezó de nuevo. El mismo guión de hace ya 10 días, solo que va poniéndose cada vez más rudo. Como si de un punto de honor se tratara, cada tarde a partir de las 4 pm se comienzan a reunir en la Plaza Altamira de Caracas un grupo nutrido de opositores al Gobierno de Nicolás Maduro. Empiezan a armar barricadas, a prepararse para lo que viene, ahora bajo el lema “El que se cansa pierde” y se enrumban hacia la Avenida Ávila para “tomar” la autopista. Respuesta inmediata y conocida: represión de la Guardia Nacional Bolivariana con gases lacrimógenos desproporcionados, perdigones y también tiros sobre todo cuando aparece la Policía Nacional. Cuando se ponen muy intensos, sale el comando antimotín en motos a perseguir a los protestantes, los acorralan, como en una cacería humana, lanzan gas a los edificios en donde se esconden, aterrorizan todo el sector. Sin medios de comunicación, a la misma hora más o menos, comienzo a leer en mi línea del tiempo de Twitter los alertas de amigos vecinos, periodistas en la zona, y alguno que otro que dice que por ahí no pasa nada. Empiezan las fotos, los vídeos, todo pasa tan rápido que no da chance de verificar toda la información. He visto tantas fotos de la misma escena que ya no se de que día se trata. Y se arma la película en mi cabeza, en la cabeza de todos reconstruimos las historias. El Alcalde del municipio cada noche cumple con la tarea ya casi religiosa de informar cuantos heridos llegaron a su centro de salud, si hubo muertos, si los heridos era por perdigones, balas o alguna otra causa. Al siguiente día en la mañana siempre paso por el lugar y veo los restos de la batalla: restos de hogueras todavía humeantes, basura, madera arrumada en las aceras, y la gente camina, como si nada, con sus viandas al trabajo, entre todo ese desorden que la Alcaldía del Municipio todas las mañanas se empeña en recoger. Miro los restos y los asocio con las fotos que vi el día anterior, la cosa me cuadra. Miro el mural pintado por Acción Poética cada mañana: “Cuando la tiranía se vuelve la Ley, la rebelión es un derecho”. Y pienso: 8 muertos (y cuando escribo esto ya hay uno más), cientos de heridos, detenidos y desaparecidos, torturados, la libertad de expresión violada, el derecho a la protesta castrado, estados enteros militarizados, silenciados, aislados ¿cuántos muertos más faltan por contar?. Me molesto y digo: “¡Sí rebelión!”. Sigo manejando y llego a mi trabajo, porque hay que trabajar, porque hay que pagar el alquiler, entonces me impongo un horario de protesta, de 9 am a 2pm y después a la casa a empezar al leer el mismo guión que se repite. ¿En dónde quedó mi cacareada rebelión?

Plaza Altamira. 21 de Febrero. Arlette Montilla.
Rebelión.
(Del lat. rebellĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de rebelarse.
2. f. Der. Delito contra el orden público, penado por la ley ordinaria y por la militar, consistente en el levantamiento público y en cierta hostilidad contra los poderes del Estado, con el fin de derrocarlos.

No soy persona de extremos, no creo en el radicalismo violento ni en el pacifismo comeflor, creo en las posiciones firmes, eso si, así que eso de la rebelión no me suena, pero la resistencia pacífica sí me cuadra.  Estoy convencida que tiene que haber un cambio, que el país no aguanta más, que llegamos al punto de no retorno. Y entonces me doy cuenta que en mi propio discurso, usando el lenguaje tuitero, me debato entre el #SOSVenezuela, el #ResistenciaVzla y el #NoALaViolencia. Lo analizo y me resultan tres posturas que no se en que punto son opuestas o convergentes.

#SOSVenezuela es un llamado de auxilio, un alerta a la opinión pública, sobre todo internacional. Un miren lo que pasa, nos están matando. Entonces recibimos mensajes de apoyo, lindos, sentidos, de la comunidad venezolana en el exterior, con pancartas y muchos escritos en diferentes idiomas, expresiones artísticas y apoyo moral. Madonna, Ruben Blades, Juanes, Cher y hasta el fotógrafo Spencer Tunick se unieron al #SOSVenezuela. Inicia la consciencia internacional, eso es buena señal, se necesita, pero no es lo único. No nos va a venir a salvar nadie, ni los marines, ni la OEA, ni nadie.

#NoALaViolencia es rechazar todo acto violento, pedir bajarle dos a la represión, a respetar los derechos humanos, a protestar pero pacíficamente de modo inteligente. Pero también es un llamado a los protestantes. Está demostrado que la protesta no violenta tiene el poder de desestabilizar tiranías, lo que lamentablemente no quiere decir que no haya un solo muerto, lastimosamente, pero sí hay una vía para lograrlo sin dejar en el camino tantas vidas. Sólo que no es inmediato, requiere de paciencia, disciplina y persistencia. Si se decide protestar con violencia ante una fuerza organizada y armada como la GNB o la PNB se le está dando la ventaja, ellos tienen las herramientas para ejercer violencia de manera sistemática ¿porque provocarla?

#ResistenciaVzla es el llamado que me resulta más confuso, un poco desorganizado, hay grupos con objetivos claros, pero otros que realmente no sé de donde vienen. A eso se le suman los políticos y las iniciativas más independientes. Pero ¿como se junta todo eso?¿cómo evitar la atomización de todos esos esfuerzos?¿quién y cómo darles estrategia? Miro a los protestantes en las fotos y videos y pienso: “¿Realmente estos son los que escriben esas cosas tan coherentes como los objetivos del Movimiento Estudiantil?”. Me cuesta creerlo, no lo veo. Me resultan provocadores (¿infiltrados?), o quizás no, solo les falta de guía y orden. Sé que esa idea de resistencia pacífica que apoyo está en muchos, más no en todos, y no tengo clara la proporción. Sé que los que marchan o se concentran son pacíficos, pero los que se paran frente a los piquetes de la guardia no necesariamente. Había pacíficos ahí, pero todo se ha salido tan de control que he visto como muchos han abandonado ese tipo de protesta por cansancio y la sensación de no poder convencer a otros que con los insultos y las piedras no se gana mucho.

En donde estamos parados

La verdad no lo tengo muy claro. Sólo sé que el camino es largo, que ahora desistir sería perder. Sé que no veo la necesidad de esa generación de violencia desmedida y diaria, simplemente no hay justificación. Sé que hay una sociedad civil en desobendiencia, no sólo estudiantes, todo el mundo, hastiado, molesto, que se lanza desordenadamente. ¿Cómo ordenar todo eso? ¿o está ordenado pero aparenta no estarlo como estrategia?. Al menos eso veo en Caracas, más no así en Táchira, Mérida o Barquisimeto en donde están en la calle duramente, en protesta, en desobediencia y con estrategia. He visto en vídeos del Táchira a la GNB retroceder y caminar al mismo paso y mirando hacia el mismo lugar que los protestantes, no enfrentados. Eso me hizo llorar. ¡Se puede!

Lo cierto es que cuando veo las consecuencias de esa violencia, muchas veces incluso no provocada, me hace pensar que nos estamos enfrentando a otra cosa y entonces dudo de todo lo anterior.  Perdigonazos a quema ropa en el rostro, golpes en la cara a mujeres, disparos a matar en la cabeza, arrestos a patada limpia, violaciones, hay pruebas de todo eso, basta con ver fotos, videos y testimonios. Se supone estos guardias son venezolanos, como nosotros, ¿como pueden dañar e incluso usar sus armas de represión al punto de matar así?¿porqué tanto odio?¿dónde está su punto de quiebre?. A eso hay que sumarle los “colectivos armados”, pueblo contra pueblo. Me resultan mercenarios, asesinos a sueldo, literalmente desalmados. ¿Quienes son?

Me debato entonces entre la esperanza y la desesperanza, a veces deseo la paz y otras me provoca salir y con mis propias manos y golpear a estos tipos aunque eso me cueste la vida. Me he descubierto a mi misma pensando en estrategias para hacerles daño. He pasado por todo tipo de emociones: miedo, tristeza, dolor, impotencia, pero la más fuerte es la rabia con la que no estoy familiarizada, que he sentido muy pocas veces en mi vida y que me provoca pensamientos extremos. No sé como manejarla, entonces puedo entender algunos comportamientos, y vuelvo al inicio donde me doy un baño de agua fría y digo ¡No! ¿en dónde estamos?¿a dónde vamos a llegar?

El tiempo dará la respuesta. ¿?

La otra cara del fotoperiodismo

Ser padre o madre y fotoperiodista no es una tarea para nada fácil. Para quienes eligieron el camino de contar lo que pasa en las calles a través de imágenes, enfrentarse diariamente a la compleja decisión de ir a cubrir conflictos o sucesos y dejar a la familia en casa, es rutina. Porque no hay duda, el fotoperiodismo es un trabajo de alto riesgo y hoy día juega un papel muy importante, especialmente en Venezuela, con el bloqueo de información al que estamos sometidos desde los sucesos del 12F que han desatado protestas en todo el país y la censura de parte del Gobierno venezolano. Estos profesionales del lente nos traen imágenes de las cosas que no transmiten los medios tradicionales en el país, y es a través de las agencias de noticias internacionales que tenemos acceso a lo que sucede.  Pero al mismo tiempo se han convertido en el objetivo de ataques, persecusiones y maltratos. A la fecha, el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Prensa reporta que desde el 12 de Febrero unos 32 trabajadores del medio han sido objeto de violencia o arrestos, entre ellos, 6 fotoperiodistas.
En algún momento de la carrera de todo fotoperiodista se presenta esa disyuntiva y esa medición del riesgo versus la integridad personal y como afecta esto a las familias, sobre todo a los hijos. Para cada quien el asunto es distinto, las motivaciones diferentes y la manera en como se maneja esta difícil decisión cambia de familia en familia. Aquí recojo tres testimonios cercanos, de tres amigos y colegas.
Marco Bello: Yo sé que ella me entiende y me apoya 
“… y entonces, cuando algún día mi hija Emma me pregunte sobre estos años:
– Y tú, ¿Qué hiciste?
Responderé
– Fotos”
Leído en el muro de Facebook de Marco
 

Protestas contra el Gobierno de Nicolás Maduro. Caracas 19 de Febrero 2014. Foto por: Marco Bello

Marco es el papá de Emma, con una pasión que le brota por los poros también es fotoperiodista independiente desde el año 2011 y hace trabajos para la agencia Reuters. Antes de eso es esposo de Eva Marie, también fotógrafa documentalista. Cuando empezaron los eventos en Caracas desde el 12F y pensó en salir a la calle a hacer fotos lo primero que pasó por su mente fue cómo hablar con su esposa. “Yo sé que me entiende y me apoya”, me dice, “pero siempre es difícil ese primer momento de pedir permiso”. “No me dijo nada, hay un lenguaje indirecto entre nosotros y sentí su aprobación. No dijo que no, no dijo que me cuidara, no en ese momento”. Marco piensa que siempre se pueden negociar esas salidas a la calle, pero nunca lo haría si su familia le pide que no lo haga, cosa que no ha pasado hasta ahora.  “Cuando llego a la casa busco a Emma, si estoy a tiempo hacemos nuestra rutina de baño. Luego le cuento a Eva los detalles del día mientras vemos las fotos y las anécdotas de lo que me pasó en el día, trato de contarle las más graciosas”.

Cuando está en la calle Marco no piensa mucho, tiene mucha ansiedad por la incertidumbre y la espera porque empiece todo. “En lo que arrancan los eventos más complicados y peligrosos la adrenalina se encarga de mantenerte alerta”, dice. Cuenta que los fotoperiodistas son muchos en la calle, y nunca están solos, no deben estarlo, andan pendientes cuidándose unos a otros. Hacer fotos para este papá fotoperiodista es una manera de decir “Yo estuve allí y esto fue lo que vi”, en una versión resumida que siente se queda corta. En el caso de San Cristóbal, hoy día militarizada, Marco hizo un llamado en Facebook para hacer un grupo e ir a documentar. “Me llamó mucho la atención una foto que vi con fuego en muchas partes de la ciudad, prácticamente en cada esquina. Hay una parte del cuento de la que no nos estamos enterando pero que necesita ser contado. Allá está muy fuerte la cosa; sabemos más de lo que está pasando en Kiev que lo que pasa en nuestro país”. Lo que lo mueve a tomar fotos es la curiosidad. “Quiero saber y quiero contar. No sé si al mundo entero, eso me suena grande. No sé si trascienda. Es eso, curiosidad”.
Cuando hablo con Marco sobre Emma y cómo hará cuando sea más grande muestra preocupación. “Creo que habrá una etapa entre niña y adolescente en la que entenderá el peligro y el miedo y entonces tendré que explicarle, que no va a pasar nada o que por lo menos haré todo lo posible por estar bien, por cuidarme. Negociaré con ella como hago con mamá, y cuando sea no, pues es no. Confiaré en su instinto”. 
Eva Marie Uzcátegui: Los dos no podemos salir 
“Hay días en los que dejar a Emma es bien difícil … hoy es uno de esos” 
21 de Febrero. Leído en el muro de Facebook de Eva Marie Uzcátegui.
 
Sin Título. 18 de Febrero 2014. Instagram de Eva Marie Uzcátegui
Eva me mira con ojos tristones. “Ay cónchale que difícil hablar de eso. Me dicen que no le de permiso, pero ¿cómo hago?”. Cuando Marco sale de casa Eva se ocupa de sus cosas y ayuda a organizar las de Marco, da clases de fotografía, gerencia proyectos y hace fotografías de eventos sociales, me dice que también está pendiente de sus “pollitos” que son sus grandes amigos Carlos Rawlins y Leo Ramirez, fotoperiodistas también; pero por encima de todo eso se hace cargo de Emma. “Estos días la he llevado a la guardería y me han criticado mucho, que si estoy loca, que soy una irresponsable. Pero yo digo que ahí está bien cuidada y viven familiares cerca que en caso de que pase algo la pueden ir a buscar en minutos. Prefiero eso a que andar con ella en la calle cuando estoy trabajando”. 
Cuando le pregunto sobre el tema de Marco como fotoperiodista haciendo fotos en estos momentos me dice: “La verdad es que la decisión es así, alguno de los dos se tiene que quedar en casa, si no fuese él yo estaría en la calle haciendo fotos porque me muero por documentar lo que está pasando”. Cuando Marco se va lo encomienda a los santos y la virgen, le dice que se cuide, que se reporte cada hora y pasa lista de todo lo que tiene que llevar: chaleco, casco, máscara; cuando llega siente emoción con alivio, también mucha curiosidad. “Le pregunto todo, que vio, que hizo, a donde fue, que pasó. Me muero de la curiosidad.”

 
Marco y Eva se conocieron estudiando fotografía y haciendo fotos. Eva entiende la pasión que eso significa, esa energía impulsiva que es muchas veces indetenible y que lleva al documentalista a fotografiar en situaciones arriesgadas. Por eso entiende a Marco. Por eso ella quiere estar en la calle, pero el solo hecho de pensar que algo le pase y dejar a Emma sola la paraliza. “En mi familia todos están preocupados y me preguntan qué necesidad hay de que Marco esté en la calle. Resulta que más allá del hecho fotográfico para mi la necesidad es el país, nuestro país. Yo creo que hacer fotos es una manera de protestar.” Eva desde casa ayuda compartiendo información confirmada en las redes sociales por fuentes que indiquen bien la fecha, hora y lugar de las cosas que reportan. También pide a las personas que sean responsables con la información, sea foto o texto.


La noche en que Gabriel Osorio, amigo y fotoperiodista de la Agencia Orinoquiafoto fue agregido por la Guardia Nacional Bolivariana, Eva y yo estábamos consternadas y de inmediato hablamos por el whatsapp.  “Marco venía camino a casa y lo llamaron, que Gabriel estaba en Salud Chacao. Le dieron golpes, ¡que impotencia!. Leo también pasó un susto, hay que cuidarse mucho”.

Eva manda un mensaje a las mamás que deben quedarse en casa con sus hijos y sus esposos están en la calle trabajando o protestando: “Recen mucho y encomiéndenlos. Negocien con ellos. Es muy difícil decirles que no vayan, y pídanles que se reporten cada cierto tiempo que eso nos da tranquilidad” 

Iván Gónzalez: Primero soy padre, después fotógrafo
“-Mami mami
-Ya va Mati, estoy viendo una cosa, un trabajo…
-¿De qué?
-Mmmm… De la ciudad hijo
-¿De la ciudad? ¿qué parece como una guerra?”
Leído en el muro de Sara Carolina Diaz, esposa de Iván
Piquete de la GNB en Chacaito. Entrega de Leopolodo López. 18 de Febrero del 2014. Foto por Iván González
Iván es un fotoperiodista sazonado, tiene muchos años de experiencia, ha trabajado como independiente para distintas agencias internacionales, en cadenas noticiosas nacionales y ahora emprende un nuevo proyecto con Editorial Contrapunto. Es un tipo conservador, detallista, sigiloso y de pensamiento profundo.  Cuando le dije que quería escribir algo sobre el ejercicio del fotoperiodismo en estos momentos siendo padre me dijo de inmediato y de modo contundente “Yo no soy la mejor persona para eso, yo me quedé en mi casa. Salí un solo día, pero no pienso salir más porque para mi lo primero es mi familia y mi obligación es velar por ellos”; me sentí tan identificada con Iván que le pedí hablarme desde ese lado humano, porque yo, aunque no soy fotoperiodista, sí soy fotógrafa y me persigue esa ansiedad de querer documentar la historia que vivimos a veces sin medir riesgos, que está vez he ahogado por estar con mi familia.
Este fotoperiodista y docente ha reflexionado bastante sobre el tema. “No quiero ser un héroe, ni hacer una buena foto. Eso se lo dejo a mis colegas que son muy buenos”. Iván piensa que saldría solamente si todo se pone realmente difícil y ya no le importara morir. “Cuando empezó todo esto pensé inmediatamente en el 11 de Abril de 2002, y en las guarimbas de Altamira del 2004. Pensé en las consecuencias de esos hechos, en la manipulación mediática, en la autocensura, pensé en mis dos hijos (5 y 19 años) y en Sara mi esposa, mis padres y mis hermanos.”. 
Más que como fotógrafo Iván pensó como padre, confiesa que apartó al fotoperiodista que hay en él y su prioridad es su familia. “Por cuestiones de logística me he encargado de mi chamo mientras mi esposa que es periodista trabaja. Además vivimos en Chacao, nos hemos mudado intermitentemente a casas de familiares que viven en otras zonas donde no afectan las guarimbas. Los adultos podemos aguantar los gases, pero los niños no”.
Iván y Sara le explican a su hijo diariamente las razones por las cuales hay que salir temprano de clases o porque algunos días no va al colegio, le dicen que hay personas protestando en la calle, que eso produce mucho tráfico en la ciudad y que deben salir temprano para no agarrar cola. No le dan muchos detalles, no dicen palabras como “bomba”, “herido”, “muerto”, “balas”o “perdigones”. No maldicen, no ofenden. Me explica que su hija más grande está más afectada, estudia en la universidad y habla con opositores y afectos al gobierno, le impresiona los dos países que vivimos. Salió a protestar en la marcha del 12F y quedó afectada por los sucesos de ese día. No ha vuelto a la calle. Se ha ocupado de las entregas universitarias. “Ayer le dije que la esperanza y la bondad no acaban nunca. Que pensara en ella, en qué quiere, siempre sin perjudicar a los demás. Le pedí que respirara profundo, que rezara por ella, por su familia, por el país y por todos los niños del mundo”.
En sus reflexiones me dice que la vida no puede estar hecha de extremos, que somos personas multidiversas, algunas veces piensan que somos buenos, otras veces que somos malos, pero que por encima de todo somos humanos. Por eso entiende al señor que en estos días hablaba con su hija de 17 años por teléfono en un carrito por puesto y le gritaba “¡Déjate de vainas, no vas a salir, te quedas en la casa!” y que al colgar le confesó: “Es mi única hija, la necesito en casa”. Cuando agredieron a Gabriel Osorio también hablamos. “Menos mal que el estaba cerca de mi casa y mis vecinos lo auxiliaron. Estuve con el hasta las 12 de la noche y corrí a mi casa”, me contó. Luego tras una pausa dijo “Que vaina Arlette, yo tengo a mi hijo Matías de 5 años y quiero darle una vida hermosa, sana y productiva”. Silencio.  

Así es la vida. Tres caras de una misma realidad. A Marco, Eva e Iván, y a todos los fotoperiodistas que hoy están en la calle fotografiando lo que sucede en el país expreso mi gran admiración y deseo para que siempre estén protegidos, salgan con bien y nos ayuden a dejar constancia de nuestra historia.
Son seres humanos como tu y como yo, movidos por una pasión impresionante por su trabajo y su familia. A ustedes, estas líneas.

Mensaje desde el sofá

Día 49-#18F: Tensa Calma. Proyecto #SaludosDesdeCasa #DiarioVisual. Instagram @arlettemontilla

Todos los que me conocen saben que no milito en ningún partido político, y que estoy en contra del protagonismo que algunos líderes manejan en circunstancias difíciles para Venezuela. Hoy fue un día de uno de esos protagonistas, hoy fue el día en el que Leopoldo López, líder del partido Voluntad Popular, se “entregó” ante la justicia venezolana, luego de una orden de aprehensión en su contra por acusaciones de parte del Gobierno venezolano de promover la violencia el 12 de Febrero del 2014. Una entrega que ocurrió en compañía de su esposa, sus padres, su abogado y miles de personas que lo acompañaron a enfrentar la justicia, con su convicción de inocencia como defensa. Mucho se ha dicho de este acto, de la manera en como se realizó, hay quienes lo avalan, quienes lo critican, ya sea opositor o chavista,  pero aquí no vengo a hablar de lo que yo pienso del acto en donde se sumó a la lista de presos políticos una persona más.

Luego de su aprehensión, esta noche, se publicó un video en donde el mismo Leopoldo López se dirige a todos al lado de su esposa, sentado en un sofá, grabado antes de su entrega pero previendo su detención.  Miré y escuché detenidamente el mensaje en sus contínuos 8 minutos y 10 segundos.

Tras el mensaje obvio de “No abandonen la lucha” que muchos interpretan en este momento como un llamado a quedarse en la calle incendiando cosas, haciendo barricadas, exponiendo su vida y recibiendo gas, perdigones y balas, creando “inestabilidad”, creo que hay algo más profundo. Algo que muchos de los que no coincidimos con la postura del gobierno manejamos, hemos hablado y analizado, algo que los más incendiarios dudo que entiendan, sobre todo como se ejecuta y como se hace realidad. Y creo que ahí es en donde está la gran debilidad para que #LaSalida sea posible.

Me permito entonces rescatar del mensaje de Leopoldo López, a quien deseo lo mejor y a su familia mucha fuerza, los mensajes en mi humilde criterio más valiosos, aquellos que deberían hacer entender a los que están en la calle exponiéndose ahora mismo que no se trata de ser un héroe, ni ser arrecho y que hace falta un poco más para seguir avanzando. Aquí las ideas:

“Salió el pueblo, despertó el pueblo”: es cierto, no solo en Caracas y sus municipios más pudientes se ha dejado escuchar la protesta y el descontento. Desde el inicio las ciudades más importantes estaban sumadas al llamado de reclamar por una Venezuela mejor, pero no fue sino hasta hoy que vemos a parroquias como Catia, La Urbina, El Valle también en la calle haciéndose sentir. Ni hablar de Valencia, Maracay, Barquisimeto, Maracaibo, Puerto Ordaz, San Cristóbal, Mérida y pare de contar. A estas alturas está siendo muy complicado para el Gobierno sostener la idea de que estos reclamos son sólo idea tergiversada de un grupito oligarca, cada día es más inmanejable la realidad, a pesar del blackout informativo que ha generado en todos los medios de comunicación tradicionales.

“Invito a cada uno de ustedes a que entendamos que el cambio está en ti”: porque lo que realmente va a cambiar al país es un cambio en la manera de actuar y pensar de cada uno de nosotros, de dejar esa actitud tan venezolana de resolver el día a día y no preocuparnos por el futuro, esa mentalidad inmediatista que tanto nos condena a no evolucionar. La invitación es a convertirnos cada uno de nosotros en un factor de cambio de pensamiento en nuestra comunidad, en hacer ver a todos, y mientras más mejor, que vivimos en una realidad que no merecemos, no solo porque somos el país más rico del mundo y con recursos, sino porque es la obligación de todo Gobierno garantizar los derechos humanos fundamentales y universales de toda la población. Y por allí empieza la “Resistencia Pacífica”.  No se trata de exigir limosna, ni de pedir ayuda, se trata de divulgar el mensaje de que hemos cedido, entregado, nos hemos acostumbrado a vivir con miedo, aceptando lo que hay como lo mejor posible, conformándonos con acostarnos vivos cada día como un milagro, cuando  lo fundamental de nuestras vidas está siendo violado. Muchas personas no conocen siquiera los derechos fundamentales que están en nuestra constitución y en la carta de derechos humanos, derechos asociados a la dignidad humana, derechos económicos, sociales y culturales que diariamente son violados por el mismo Gobierno venezolano: derecho a la vida, a la educación, a la alimentación, a una vivienda digna, a la salud, al trabajo, a un nivel de vida adecuado y a la mejora continua de nuestra existencia, solo por nombrar los primarios y más básicos. Entonces estamos hablando de educar o re-educar, de construir, de ayudar a reasignar significados, valores, prioridades en nuestras vidas y entender que sí es posible si cada uno de nosotros lo exige.

“Nos toca organizar un movimiento profundamente social que llegue a todos los rincones del país”: y esto solamente es posible con organización, organización y más organización. Planificación, entendimiento de objetivos, modos de difusión, y sistematización. Pero ¿que carajos es un movimiento social? En esencia, un movimiento social es un desafío de un grupo de personas en un contexto de conflicto, y un conflicto existe cuando ese grupo de personas está en desacuerdo con ciertas élites o autoridades. Es un grupo de personas que busca promover un cambio, pero no cualquier cambio, deben ser cambios concretos, con objetivos claros y con formas de protesta definidas y estandarizadas, con ciertas estrategias que le permitan realmente llegar a donde desea llegar. Y para mi ¿cuál debe ser ese objetivo?: sumar y sumar cada día a personas que votaron por el gobierno actual a entender que ellos también son oposición si están descontentos con las maneras en como su Gobierno actúa. Pienso que estamos todavía muy lejos de esto, pero que es posible. Creo que cada uno de nosotros puede juntarse en su comunidad y comenzar a hablar de esto, sería un estupendo inicio. Pero hace falta algo que está bastante escaso por estos días, como muchas cosas: la paciencia. Y lamentablemente esta situación nos toma gastados, hastiados, desesperanzados y muy pero muy cansados. Entonces ¿qué hacer?. Respirar hondo, pedir que las personas que abrazaron la idea de la violencia en las calles nos den un chance de trabajar, y empezar a construir hacia ese objteivo común. Cada uno de nosotros debe pensarlo y buscar el líder comunitario que lleva por dentro, o seguir a aquel que se manifieste en su comunidad, aportando ideas y participando. Ya no es momento de pasividad, y de nuevo aquí tenemos otra característica de la famosa “Resistencia Pacífica”.

“No a la violencia” : este mensaje creo que es el más confuso de todos para mucha gente en este momento. ¿Qué es verdaderamente la violencia? Cuando nos hablan de esto pensamos inmediatamente en golpes y porrazos, en fuerza, en agresión física. Pero hay formas distintas de violencia en las cuales caemos fácilmente sobre todo cuando de protestar y exigir se trata. Entiéndase que cualquier cosa que haga daño a un individuo o a una colectividad es violencia. Es decir que el elemento fundamental de la violencia es el daño. En otras palabras cada vez que estás dañando a alguien o a algo, ya sea con la palabra o físicamente, estás acudiendo a la violencia. Hay formas inteligentes y no violentas de protestar, ¿porque trancar una calle, quemar cosas, incendiar vehículos, insultar a funcionarios? Violencia llama violencia, difícilmente si actuamos violentamente nos van a responder de forma pacífica, sobre todo los radicales que nos oponen que no pensarán dos veces en usar las balas contra la palabra.  Ser irreverente socialmente no es ser violento, es simplemente no respetar un “status-quo”, una manera impuesta de hacer las cosas con la que no estamos de acuerdo. Ser irreverente es no hacer cola para comprar alimentos básicos, ser irreverente es no aceptar pagar una comisión para que te agilicen un trámite gubernamental, ser irreverente es no comprar aquello que consideras está abusivamente sobre preciado, ser irrevetente es exigir un buen servicio cuando estás pagando por ello, ser irreverente es denunciar los abusos, ser irrevente es apostarte en una acera frente a una autoridad, de manera inteligente y exigir tus derechos. Hacer barricadas y quemas en tu calle solo afecta a tu propia comunidad, hay personas que si asisten a sus trabajos pueden perderlo por ejemplo, además de exponerla a la respuesta violenta, no justificada pero cierta, de parte de las autoridades. Protesta de manera inteligente y creativa frente a instituciones, edificios gubernamentales, en el lugar donde aquellos que deben resolver los problemas están, no frente a tus vecinos que sufren de los mismos problemas que tu.

Me quedo con esas 4 cosas del mensaje de Leopoldo López, que no es mi líder político, que para mi es un venezolano más que se atrevió a decir las cosas que piensa y es un personaje público. Pudo haber sido tu vecino, tu amigo o tu mismo quien estuviera preso en este momento por defender su pensamiento. Entonces no se trata de seguir a un líder político, se trata de seguir tus convicciones, ideas y exigir tus derechos.

Mañana espero nos levantemos todos trabajando y organizándonos, y sin volvernos a dormir, aspirar por una Venezuela mejor, pero no solo desde nuestro corazón, sino desde nuestras acciones. Amanecerá y veremos si la gente sale de las calles y se va a su comunidad a construir el camino para un cambio.

Buenas noches

Con el corazón arrugado: carta a mi hija

13/02/2014 5:45 a.m. 

Todo amaneció en silencio, como un día normal. Me levanto y voy en automático al cuarto de mi hija, enciendo la luz, apago el aire acondicionado y le toco un pie, ritual normal de cada día. Ella gruñe, se estira como cada día, normal. Yo salgo y camino en la oscuridad del pasillo hacia la cocina. Monto café, el normal de todos los días. Pero no, nada era normal. El silencio en la calle aturdía, más del normal.

Pensé en las madres que amanecieron buscando a sus hijos visitando comisarías, hospitales y cuanto rincón había para encontrarlos, y que todavía hoy no saben de ellos. Pensé en las madres que amanecieron llorando a sus hijos, porque una bala mal puesta se los llevó por delante. Pensé en las madres que encontraron a sus hijos pero están presos, que hoy serían presentados a un tribunal con cargos que los hacen lucir como malandros.  Pensé en las madres que vendieron el alma, sacaron todo lo que tenían y se endeudaron para “negociar” que le entregaran a su hijo. Y debería decir que pensé en las familias, pero la verdad fue que pensé en las madres, porque yo soy madre y mi hija estaba en casa, a salvo.

En la mesa improvisada de la cocina me senté a mirar mi taza de café, mi hija llegó teléfono en mano diciendo que la gente decía en Twitter mil cosas sobre lo que había sucedido ayer en la manifestación contra el gobierno actual de Nicolás Maduro, en la que murieron 4 personas, decenas resultaron heridas y hay cientos de detenidos, además de algunos desaparecidos. La miré y dije en automático “No creas en todo lo que se dice”. Se fue.

Tardé un minuto en buscarla; la encontré llorando y sus palabras bajitas –“tengo miedo” – me dieron una cachetada. Me di cuenta, que muchas veces damos por sentado que nuestros hijos saben lo que sucede alrededor, que no son tontos, y “se dan cuenta”. Me di cuenta que muchas veces subestimamos lo que pueda estar pasando por la mente y las emociones de los más chicos de casa, y no los tomamos en cuenta para las conversaciones “de adultos”. Me di cuenta que no hablarle de frente a mi hija con suficiente claridad sobre mi pensamiento político, había sido un error. Así que me dispuse seriamente a hablar sobre lo que sucede y porque, a donde puede llegar, qué esperar, y a responder sus preguntas desde mi humilde punto de vista.

Me descubrí entonces por primera vez hablando de lo que verdaderamente pienso acerca de lo que estamos viviendo y que aquí les comparto en forma de una carta imaginaria que tuve la oportunidad de entregar con mi palabra, y si ustedes tienen hijos espero puedan hablar con ellos también.

“Querida hija;

Yo protesté y marché mucho, la última vez, tu tenías 5 años. Eras muy chiquita para entender lo que estaba pasando.  Lo único que sé es que ese día, cuando veía a la gente corriendo en dirección contraria sin entender porque, escuchar gritos, y con ojos irritados por las lacrimógenas ver a una persona caer de un balazo a una cuadra de donde yo estaba, me pregunté … “¿Qué carajos hago yo aquí?”. Pensé en ti, en casa, chiquita, jugando con la nana porque yo le ordené que no vieran televisión. Pensé qué pasaría si yo no llegaba, que iba a ser de ti, y si valdría la pena seguir adelante. Pensé en mi mamá, en el dolor que le causaría. Porque la verdad era que yo no sabía qué ibamos a conseguir con esa protesta si llegaba al final. Cómo salí de ahí es otro cuento, pero me fuí directo a casa, y al llegar te abracé como nunca y juré que por nada del mundo arriesgaría mi vida de esa manera, no hasta que tu no te pudieras valer por ti misma. Empecé entonces a protestar y estar activa políticamente de otras formas, dejé la calle.

Ya estás grande y puedes entender que los jóvenes históricamente han sido los generadores de cambio, la masa que mueve los pensamientos y las ideas, la fuerza que acciona soluciones hacia las injusticias y violaciones en nuestra sociedad. No lo digo yo, lo dice la historia. Y eso es lo que hacen los estudiantes de Venezuela hoy, sólo que cuando se hace con tan pocas herramientas y con desorganización se convierten en carne de cañón y en víctimas de esa energía incontenible que los mueve muchas veces sin analizarlo todo. Siempre hay un grupo que puede perder el control. La obstinación, la indignación, la impotencia, muchas veces nos mueve y sólo con eso creemos que podemos cambiar al mundo. Pero lamentablemente no es así, hace falta organización, claridad de hacia donde nos lleva todo esto, un plan, un objetivo preciso. 

Lo que pasó ayer es que hubo un río revuelto de confusiones donde el pescador más ambicioso, que es el gobierno, quiso sacar ganancias; una juventud enhardecida y exaltada, indignada, armada con la palabra y convencida de ser invencible, frente a grupos armados por el propio gobierno y una policía preparada para matar, que arremetió contra ellos solo porque si, o porque cada quien cree estar del lado bueno de la historia.  El resultado no podía ser otro que terror, confusión y muerte.

Lo que pasó ayer es que se inició de nuevo un camino parecido al que ya hemos recorrido, que nos llevo a fortalecer aún más al Chavismo de aquel momento y a convertir a Hugo Chávez en un mártir, por una suma interminable de errores, camino que espero sea rescatado de seguir el mismo guión, por el bien de todos, y que se convierta verdaderamente en disidencia y resistencia con inteligencia, en vez de en protesta de tira piedras y ambición de poder. 

Lo que pasó ayer es que una parte de los que estamos molestos, cansados y queremos un cambio dieron un paso adelante, bastante acelerado, sin medida de consecuencias, ni claridad y hasta con cierto nivel de inocencia que les hizo pensar que el gobierno no sería capaz de violentarlos, o quizás si, pero nunca lo sabremos. Y pasó que ahora frenar se hace complicado, y vale la pena pensar como maniobrar entre tanto obstáculo un vehículo tan pesado.

Lo que espero haya pasado ayer es que muchos, no sólo los opositores que ya están convencidos,  sino aquellos que votaron por este gobierno abran los ojos  y vean que estamos en una dictadura disfrazada de democracia, sin derechos, sin garantías de ningún tipo, sin ley, sin independencia de poderes, sin libertad de expresión, con un presidente todopoderoso que ordena a diestra y siniestra en contra de las leyes y los derechos existentes, haciendo su propia ley, y que hoy son más esclavos de que alguna vez pensaron; que por fin entiendan que el hecho de que haya elecciones no es lo único que hace a un gobierno democrático. Es la única manera de que las muertes tengan algún sentido.

Lo que espero que a partir de hoy pase es que ya no se hable de oposición y oficialismo, sino de DISIDENCIA, de hombres y mujeres que no estamos de acuerdo con el orden impuesto en el que se pretende que vivamos con un disfraz absurdo y hasta infantil de socialismo. 

Lo que espero que a partir de hoy pase es que todos tengamos la esperanza de que no sigan pasando días como el de ayer, y que recuperemos la calma, más no la pasividad, que siga la protesta pacífica, con sentido, con objetivo, que tengamos claros hacia donde vamos y que no callemos más. 

Lo que pasará mañana, es que vas a empezar a estudiar en la universidad y comenzarás a compartir con otras ideas, otros principios, a entender, a ver las cosas con otro cristal de madurez, y quizás más temprano que tarde también estés tu allí, en la calle, protestando y gritando la consigna de estudiante. Pasará que no podré hacer más sino pedirte que te cuides, darte mi bendición y esperar con mucha esperanza a que regreses con bien a casa, como yo regresé aquel 11 de abril a abrazarte.

No vienen tiempos mejores de inmediato, pero estaremos juntas. Te quiero mucho. Mamá.”