Archivo por meses: octubre 2012

Ayer y hoy

Ayer

Seis millones ciento cincuenta y un mil quinientos cuarenta y cuatro venezolanos, con todas sus letras, dijimos abiertamente que queremos un cambio, que no queremos más vivir con miedo, que queremos algo mejor para nuestros hijos, que queremos trabajar en paz y construir un país donde salir a la calle no sea razón suficiente para ser asesinado, que queremos construir una nueva y diferente manera de ver a Venezuela.

Otra parte importante de los venezolanos dijo exactamente lo contrario, habló de mantener su status quo, habló de mantenerse en su zona de confort, no quiso desprenderse y se amarró a la subjetividad que les permite ver el orden social y político actual del país como su mejor opción.

Quedó claro. Nadie cantó fraude, ni pataleó desaforadamente. Admito que no llegué a percibir triunfalismo desbordado de parte de los ganadores – o fue porque decidí apagar la televisión – y que me perturbó la manera de celebrar con tiros al aire como en una demostración más de que la violencia y la amenaza triunfa sobre el resto.

El actual presidente en su discurso de anoche – que escuché esta mañana – aceptó que esos seis millones ciento cincuenta y un mil quinientos cuarenta y cuatro venezolanos estamos en su contra, y aunque nos agradeció haber aceptado la “derrota, el ego no le permitió ver que el asunto va mucho más allá de estar en contra de alguien o algo, sino que se trata de apoyar la idea de una Venezuela sin violencia que él no ha sido capaz de construir en catorce años – también con todas sus letras – y que, por el contrario, ha deteriorado a pulso y con paso seguro desde el punto de vista de sus valores morales, éticos y más básicos, manteniendo a la mitad del país amenazado en una guerra civil de facto.

Pero esto no se trata de contar qué pasó, eso lo sabemos todos. De porque volví a meter el dedo en la tinta, lo dije una vez y mantengo exactamente cada una de mis palabras.

Hoy

“Cerca de mí lo que más hay son personas que trabajan aún más duro de lo que ellos mismos suponen. Gente que de algún modo está redactando día a día el cuento que sus hijos recordarán con lágrimas en los ojos.”

No lo dije yo, ni Chávez, ni Capriles. Lo dijo Carlos Spottorno y tuve la dicha de leerlo esta mañana. Las casualidades no existen.


Yo no conozco tanta gente como él, ni cerca, pero cada uno de nosotros al mirar alrededor podrá ver todos esos tipos de personas y actitudes que se toman ante una crisis o un momento difícil. Los oportunistas, los care’ tabla, los corruptos, los cómodos, los hipócritas que critican pero mantienen su puesto, los que están en una nómina y cobran sin trabajar,  los empoderados sin mérito, siempre están.  Pero encuentro mucho más gente que trabaja duro pensando en su familia, gente creativa y emprendedora, gente convencida en lo que cree, gente inventando cada día una manera de seguir adelante dentro de todo esto que se supone es sobrevivir y gente que aunque está en puestos públicos trabaja decentemente y de manera honesta. Yo soy de este último grupo, y es mi única manera de vivir, es lo único que sé hacer, y lo que seguiré haciendo.

Es cierto Carlos,  “… aguantar esta atmósfera rancia y ahumada mientras tratamos de mantener vivas las frágiles flores que son nuestros proyectos, nuestros planes, las ideas constructivas, es muy difícil.”  Tan difícil que a veces siento que es más fácil abandonar que seguir. Pero mi espíritu no se acostumbra, cada paso que doy cargando el peso de la inseguridad que vivimos en mi país me duele, batallo y hago pataletas, entre paso y paso digo un par de groserías, y sigo.  Sé que llegará ese momento que describes en donde el peso ya no estará y de tanto resistir nos alzaremos en vuelo alto. Espero poder vivirlo y contártelo con un café en la mano.

Resistir …  me quedo con esa palabra. Fue mi última reflexión de anoche y con la que me despierto hoy en la mañana. Resistir es luchar fuera de lo que conocemos como un criterio tradicional de opresión-liberación, no lo dije yo, lo dijo Michel Foucault. Hoy más que nunca creo en que todos somos seres políticos, y desde mi posición ahora, soy resistencia. Yo lo acepto: la sociedad como la conocía ya no existe, definitivamente estamos en otro país y creo que me toca entender esta nueva configuración de lo social que me rodea y dejar de pensar que se puede sacar con un dedo – aunque lo seguiré metiendo – . Conocer lo que ahora es nuestro país debería ser cátedra obligatoria en nuestro aprendizaje diario, desaprender y aprender, no para aceptar, sino para poder intervenir en estas nuevas estructuras de desigualdad social y de poder, y hacer oposición inteligente. Y ese es el verdadero camino que se construyó a partir de los resultados electorales de ayer. Sí hay un camino, y yo lo empecé a andar.

Espero que el resto de los seis millones ciento cincuenta y un mil quinientos cuarenta y cuatro venezolanos comiencen a pensar igual, que comiencen a pensar en que la resistencia activa y creativa es lo único que nos permitirá contar con un futuro diferente. Si tendremos la oportunidad de disfrutar de ese futuro, esa es otra cosa. Yo pienso en mi hija. 

Ahora, a trabajar!