Archivo por meses: septiembre 2012

Volver a lo básico

El próximo sábado mi hija cumple 16 años. Hace 16 años también estoy involucrada con la fotografía.

Ella decidió pasar su cumpleaños sobre las tablas, actuando, cosa que hace desde hace 8 años, y fue precisamente en ese momento cuando inició mi carrera profesional en el mundo de la imagen, también fotografiando en el teatro. Ambas pisamos las tablas por primera vez y tomamos decisiones , ella la de convertirse en actriz y yo la de comenzar a hacer de la fotografía parte de mi sustento de vida emocional y económica. Mirar a través de las imágenes su evolución, es mirar la mía propia y asombrarme de las coincidencias.

2006 – Ariana en BackStage de La Sirenita

Llegué a convertirme en profesional de la fotografía transitando un camino que no me estaba previsto. Sencillamente me ocurrió, sin yo pedirlo, como el adolescente que un día se levanta y se da cuenta que se convirtió en adulto sin percibir como realmente fue un cambio que ocurrió día a día. Hoy miro a mi hija adolescente y me pregunto en qué momento creció, y me maravillo por los aprendizajes, las alegrías, las tristezas y todo lo que hemos compartido. Lo mismo me pasa con la fotografía.

2008 – La Bella y la Bestia, Ariana en el centro como “Bella”

Siempre que vuelvo al teatro, cámara en mano, me reencuentro con lo básico, con lo genuino de fotografiar desde la pasión. Cada vez que tomo mi puesto “oficial” detrás de escena o desde el público, es como la primera vez. Aprendí con el tiempo a adivinar casi con exactitud cada movimiento, cada cambio de la luz, cada nueva escena. Aprendí a aislarme, tomar decisiones muy rápidas, entender qué fotografiar, casi de modo intuitivo qué excluir y qué incluir en el cuadro. Aprendí muchas cosas, me equivoqué muchas veces. Crecí.

2012 – Cleopatra

El sábado celebro el cumpleaños de mi hija, mi aniversario de ser madre y un año más detrás del lente. Ella estará trabajando y yo también, ambas en lo que decidimos convertirnos, ambas conscientes de la importancia de lo que hacemos en nuestras vidas, ambas respetando nuestros espacios y entendiendo los sacrificios que hacemos para lograr lo que nos hemos planteado como meta. Ambas comprometidas.

El sábado será otro buen momento para volver a lo básico.  Te amo Ariana.

Mirar con el corazón

Un día como cualquier otro, recibí un mensaje para atender una sesión fotográfica con urgencia. El día que me planteaban casualmente lo tenía libre y el estudio estaba disponible porque otro cliente había cancelado y me puse a la orden. Cuando me dijeron que era unos “retratos sencillos en blanco y negro” nada me preocupó. Lejos estaba de pensar que sería uno de esos días que te cambian completamente la vida.

Estuve en sesión toda una mañana, un medio día fresco, lleno de risas y mucha buena energía, como hacía mucho tiempo no tenía la oportunidad de vivir. El tiempo pasó volando. Se requería que los retratos de mis dos “modelos” transmitieran esas ganas de pasarla bien, y la verdad confieso que mi trabajo fue mínimo. Eran dos señoras, una que podría ser mi hermana y otra mi mamá, llenas de energía y que dieron lo mejor de ellas, dejando a todos en el set admirados de su capacidad de responder a la directrices que les iba dando. Tengo que decir, que han sido mis mejores modelos en mucho tiempo.

La verdad es que para hacer el trabajo que me asignaron se requería, como es de esperarse, ser un buen fotógrafo, dominar no solo la técnica, sino esa dirección y conexión con el fotografiado que es tan importante en un retrato, que siempre busca transmitir emociones y personalidad. Pero en este caso, eso no era lo más importante, de verdad que no.  Mis modelos no fueron actrices, ni talentos de una agencia de casting, sino personas que se ofrecieron para representar en esas fotos el único papel que es realmente importante: ser ellas mismas. Ellas son para mi, más que modelos que tuve que fotografiar, modelos a seguir. Son pacientes terminales de cáncer con una actitud admirable.

Ese día, entonces, me reafirmé lo que siempre decimos cuando queremos sermonear a alguien pero que realmente no lo conscientizamos: de verdad no hay derecho a quejarse, a andar de mal humor por cualquier bobada, a amargarse la existencia por otros; no vale la pena porque estamos aquí de paso, es sólo un suspiro y cada minuto merecemos dedicarlo a apreciar lo que tenemos sin pensar en lo que nos falta. Dejar huella, dejar legado.

Más que con mis ojos, miré a través de mi lente con la emoción y la alegría que merece la vida. Bien lo dijo mi querido amigo Gil Montaño, cuando se refirió a su trabajo en la cobertura fotográfica de los recientes eventos en Amuay: “Lo primero que tuve que empacar para venir para acá, fue el corazón”, y yo pude reafirmar ese pensamiento que siempre he tenido presente: mirar con el corazón, por más cursi que suene, es lo que siempre debemos hacer.

Y no es diferente para los fotógrafos: los ojos, así como la cámara, son sólo un instrumento. No se dejen engañar.

Este post va dedicado Eleazar por permitirme recordar 🙂

Desenfoque intencional