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La excusa perfecta

Hay muchos lugares a los que definitivamente no pertenezco y no fui hecha para ellos, esto según mi flagelante modo de diagnosticar y etiquetar esa manía casi abusiva que tengo de enconcharme y no salir de “mi mundo” por largos períodos.  Y me inventé la excusa perfecta para visitarlos: hacer fotos.

Tengo que confesar que cada vez que me toca salir de mi zona de confort imagino que algo pasa y me impide meterme en terrenos desconocidos aunque después sea la mujer más feliz del mundo. Eso no deja de pasarme cada vez que mi querida amiga, la pequeña comeflor, me arrastra literalmente a alguno de esos destinos exóticos que se inventa para La Escuela Foto Arte. Es mi culpa, yo la convencí, y ella a mi,  de estar juntas en estas aventuras. 

Perfil del Cerro Wichuj (Cara del Indio), vista desde la Comunidad Indígena de Ceguera. Foto por: AM

 Esta vez la confabulación para arrancarme de mi “citadinez” y llevarme hasta la selva amazónica no fue solo de mi amiga la petisa viajera, sino del universo en general. Leía una y otra vez el itinerario y repasaba las frases que me atormentaban: “remontaremos el Río Sipapo en voladora por 4 horas”; “caminata por la selva durante 3 horas”; “lleve todo impermeable, habrá mucha lluvia” y me seguía preguntando de que modo me metí en tal paquete.  Me repetía permanentemente que iría porque la cámara me estaba llevando, porque fotografiar es lo que yo sé hacer. Así fue como sin darme cuenta estaba montada en ese avión de dos hélices, con 69 personas más, entre ellos 12 foto viajeros, 2 guías y mi inseparable @arianuchis

Parte del grupo llegando al Raudal Calderón, parada antes de seguir el viaje hacia Autana Tepuy. Foto por: AM

El grupo de foto aventureros era variopinto, no estabamos llenos de fotógrafos con experiencia como se suele pensar en estos casos. La mitad del grupo era experimentado, y la otra mitad no, incluso un par de personas solo sabían manejar una sencilla cámara compacta. Y sucedió algo mágico, algo que me hizo tan feliz como el Autana Tepuy mismo y su majestuosidad.

Esa mezcla no buscada de fotógrafos experimentados y principiantes fue una demostración más de lo que siempre he defendido en este tema de la fotografía en los tiempos más actuales, llenos de tecnología abrumadora y masificada. Muchas veces la ignorancia es nuestro mejor aliado, realmente no importa la cámara, ni el soporte (analógico, digital, instantáneo, etc) …  sólo hace falta una mirada sincera al mundo que nos rodea y que visitamos, y que la máquina sea nuestra cómplice, sólo un instrumento para dejar evidencia de eso que vemos y vivimos. Eso es verdaderamente fotografiar, al menos para mi.

La mejor cámara: la que llevas contigo. Fotografiando a orillas del Río Orinoco. Foto por: AM

 Durante los 4 días y 3 noches que pasamos juntos nunca se habló de técnica más de lo necesario para explicar alguna duda razonable, el lugar nos atrapó, y lo que prevaleció fue una exploración a través de la mirada, desde la honestidad y la humildad con la que arribamos a ese mundo desconocido que nos recibió sin recelo, a esa comunidad indígena que no se deja fotografiar porque piensa que en la foto se va su alma, a esa inmensidad que nos hizo sentir diminutos, a esos ríos y raudales cristalinos, a esa selva húmeda de árboles inmensísimos y grandes hojas que se pelean por la luz, a ese lugar mágico y sagrado desde donde, según la leyenda, nació toda la vida.  Todos nos olvidamos de lo que pensamos que sabemos hacer, y nos dejamos llevar por lo que pudimos sentir, por más comeflor que esto pueda sonar.

 El resultado fue evidente en las fotografías que revisamos cada noche, en ese pensar primero en que nos hacía sentir cada imagen que proyectamos en vez de la perfección técnica, en ese asombrarse de la mirada del otro y de la propia, en ese sentir generalizado de que todos somos iguales.

Insisto, para mi la cámara es solo la excusa perfecta para aprender a vivir.

Niña Piaroa de la Comunidad de Ceguera. Foto por: Anabella Salcedo
Perro en la Comunidad de Ceguera. Foto: Alessandra De La Correia

Niña Piaroa en la Comindad de Ceguera. Foto: Aaron Montilla
Selva. Foto por: Sergio Azuaje